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El Acuerdo de París para el Perú, por Manuel Ruiz Muller

La firma del acuerdo nos coloca en un grupo de países comprometidos a garantizar el bienestar presente y futuro.

El Acuerdo de París para el Perú, por Manuel Ruiz Muller

El Acuerdo de París para el Perú, por Manuel Ruiz Muller

Para unos pocos privilegiados, el cambio climático no es sino un fastidio y estorbo del cual se puede escapar. Para algunos más, se trata de un problema que crecientemente los afecta. Para la gran mayoría de peruanos, sin embargo, el cambio climático y sus efectos se convierten en cuestión, literalmente, de supervivencia. 

Pequeños agricultores andinos, comunidades nativas de la selva, comunidades locales de pescadores y pobladores de zonas periféricas urbanas representan un porcentaje muy elevado de la población y son especialmente vulnerables al cambio en los patrones climáticos. Aunque su resiliencia es formidable, se les está poniendo a prueba y al límite de sus posibilidades de adaptación. 

En términos más generales, el cambio climático pone en riesgo la seguridad alimentaria, las pesquerías, las fuentes de agua, la biodiversidad y los ecosistemas. En ese sentido, el panorama futuro se presenta complicado, por decir lo menos. 

Sin embargo, frente a esta situación, en los últimos años se han dado esfuerzos importantes para abordar el cambio climático, generado por acciones humanas desde los albores de la revolución industrial, período a partir del cual se han incrementado notablemente los gases de efecto invernadero y elevado las temperaturas globales de manera sostenida (en casi 1 grado centígrado, según el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático). 

La Convención Marco de Cambio Climático en 1992, el Protocolo de Kioto en 1997 y el más reciente Acuerdo de París (resultado de la COP 20 en Lima y COP 21 en París) son parte de un proceso internacional, difícil y complejo, que ha empezado a alinear los intereses de los países hacia una meta común: estabilizar las concentraciones de gases de efecto invernadero (a partir de acciones de mitigación) y llegar al 2050 con una elevación máxima de la temperatura media global de 2 grados centígrados (y 1,5 grados centígrados en el escenario más optimista). 

Para el Perú, la reciente firma del Acuerdo de París no es, como a veces tiende percibirse, un asunto lejano, sin importancia. Todo lo contrario, nos coloca en un grupo de países comprometidos a garantizar el bienestar presente y futuro de sus ciudadanos. 

El acuerdo, como todo instrumento internacional, está lejos de ser perfecto. No obstante, plantea posibilidades importantes para enrumbar al país en una senda de desarrollo verdaderamente sostenible, basado en tecnologías limpias, una economía verde, consumo responsable, una dependencia cada vez menor en energías fósiles y un proceso continuo de adaptación. 

El corazón del acuerdo pasa por cumplir con las Acciones de Mitigación Nacional Adecuada (NAMA, por sus siglas en inglés), distintas medidas que se deberán tomar en los próximos años para reducir al máximo posible las emisiones de gases de efecto invernadero. Se espera que la sumatoria de los NAMA a escala global contribuya a la estabilización de la temperatura en los siguientes 30 años. Aunque el Perú –como muchos países en desarrollo– no es ni ha sido históricamente responsable del calentamiento global, se ha comprometido a asumir su responsabilidad y apoyar a una causa común. 

La discusión sobre responsabilidades y quienes deben cargar el peso de la adaptación y la mitigación, aunque importante, se diluye ante una realidad que afecta a todos: el cambio climático ya tiene consecuencias sociales y económicas en el mundo. Ante esto, se requieren acciones inmediatas. Ya los países industrializados han comprometido US$100 mil millones para invertir en acciones que contribuyan a enfrentar el cambio climático. Aunque es una fracción de lo que el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático indica se requiere, es un compromiso importante al fin y al cabo. 

Este gobierno, y especialmente el Ministerio del Ambiente, han asumido su responsabilidad histórica tanto en el ámbito internacional como con las futuras generaciones de peruanos. Toca ahora a todos consolidar y orientar los diferentes esfuerzos particulares y nacionales de desarrollo hacia dos objetivos centrales: las acciones de mitigación y la continua adaptación al cambio climático. Si bien el futuro se presenta difícil, un ambiente más cálido y predecible es también ciertamente posible. 

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