"A fines del 2018, el Gobierno Chino comenzó a aumentar los flujos de crédito al sector privado; pero, al mismo tiempo, afirmó más control sobre él".
"A fines del 2018, el Gobierno Chino comenzó a aumentar los flujos de crédito al sector privado; pero, al mismo tiempo, afirmó más control sobre él".

Hace una década, China parecía salvar su economía al desacoplarla del resto del mundo con un programa de inversión nacional masivo. Hoy, es el progreso en las negociaciones comerciales con Estados Unidos, o la reconexión de la economía de con la de otros países, lo que se ve como la forma de recuperar el impulso.

Pero la simplemente ha agravado la desaceleración económica en China que es de su propia creación.

En el 2018, el producto bruto interno de China creció alrededor de 6,5%, la tasa más baja desde 1990. Y parte de la desaceleración es el resultado de decisiones deliberadas del gobierno, en particular por políticas que favorecen al sector estatal a expensas del , incluso cuando es ineficiente.

La evidencia más sorprendente, documentada por el Instituto Peterson de Economía Internacional en octubre, es la caída del crédito para el sector privado y el aumento del crédito para el sector estatal en los últimos años.

La justificación oficial de esta política era reducir el riesgo en el sector financiero en general. Las empresas del sector privado tienden a depender de fuentes de financiación informal más riesgosas y oscuras. Pero esta práctica es en parte el resultado de la política existente y los prejuicios legales contra las empresas privadas. Y el simple hecho de fortalecer las normas crediticias sin mejorar el tratamiento del sector privado inevitablemente reduciría su acceso al crédito.

Ante las restricciones a la liquidez, los incumplimientos y quiebras en el sector privado se han multiplicado. Si una compañía quiere obtener un préstamo, generalmente necesita obtener una garantía de otra compañía, por lo que cualquier compañía que tenga dificultades para pagar sus préstamos también pone en peligro a las compañías a las que emitió garantías.

A fines del 2018, el Gobierno Chino comenzó a aumentar los flujos de crédito al sector privado; pero, al mismo tiempo, afirmó más control sobre él.

Además, ha habido un gran número de abandono en los niveles más altos de gestión de las empresas insignia. Según el “Southern Metropolis Daily”, un periódico chino, hubo 1.401 renuncias de nivel ejecutivo en compañías que cotizan en la bolsa entre enero de 2019 y junio de 2019.

No está claro por qué los líderes de China quieren frenar al sector privado. Una razón podría ser la preocupación por la creciente desigualdad de ingresos. El coeficiente de Gini de China es más alto que el de Estados Unidos y uno de los más altos del mundo, según un estudio del 2014 publicado en la revista “Proceedings of the National Academy of Sciences of the United States of America” (PNAS). Sin embargo, muchos de los verdaderos propietarios de capital privado en China son empresarios de primera generación que provienen de orígenes humildes. Sus actividades no están causando desigualdad de ingresos. La verdadera razón de esa brecha, como señala el documento del PNAS, radica en los “factores estructurales atribuibles al sistema político chino”.

Que la economía china se desacelere no es necesariamente algo malo, al menos no en sí mismo. En última instancia, es el nivel de desarrollo de un país lo que más importa para el bienestar de las personas. Una China más rica, incluso con tasas de crecimiento más bajas, sería motivo de celebración. Pero una desaceleración es un problema si es el resultado de una política deficiente. Numerosos estudios muestran que las empresas estatales de China son menos productivas que las empresas del sector privado, sin importar cuánto apoyo reciban del gobierno. Y la ayuda financiera reforzada para el sector estatal no ha brindado solvencia hasta el momento: las empresas respaldadas por el Estado también están incumpliendo sus pagos de bonos.

Las tensiones comerciales con Estados Unidos parecen haber perjudicado a China, y el acuerdo de la semana pasada, aunque tímido y tentativo, es un bienvenido paso adelante. Pero China misma necesita volver a encauzar su propia economía: debe respaldar nuevamente a su sector privado.


–Glosado y editado–

© The New York Times