"La actual crisis sanitaria acentúa el riesgo de las personas cotidianamente vulnerables".
"La actual crisis sanitaria acentúa el riesgo de las personas cotidianamente vulnerables".

El anuncio presidencial que restringe la circulación de las personas en función al género ha reabierto el debate sobre la realidad cotidiana de las personas LGBT en nuestro país. En especial, de quienes encarnan la T del acrónimo LGBT: T de ciudadanos, ciudadanas y ciudadanes trans.

La actual crisis sanitaria acentúa el riesgo de las personas cotidianamente vulnerables. Somos parte de una sociedad que no solo nos ubica en la escala del dueto precariedad-privilegio en función al color de piel y la rimbombancia de nuestro apellido, también lo hace a partir de nuestra virtud sexual. Estamos organizados cis-temáticamente. Leyó bien, habitamos en un “cis-tema”, definido por la Corte Interamericana de Derechos Humanos como “la idea o expectativa de acuerdo a la cual, todas las personas son cisgénero”, es decir, “que aquellas personas a las que se les asignó el sexo masculino al nacer siempre crecen para ser hombres y aquellas a las que se les asignó el sexo femenino al nacer siempre crecen para ser mujeres”. Intuye bien, el cis-tema aspira que todos sus integrantes sean idénticos, es decir, cisgénero.

Quizás se esté enterando por aquí que, como yo, usted es un ciudadano o ciudadana cisgénero, uno cuya identidad de género es “cis”. Pero existen muchas otras personas en nuestra proximidad que no lo son. Hablo de las personas “trans”, aquellas cuya identidad de género no está asociada con el sexo que les fue asignado al nacer. Atención: todos tenemos identidad de género. Es un patrimonio común de la humanidad. ¿Y de qué se trata? De acuerdo con la Corte Interamericana, es “la vivencia interna e individual del género de cada persona, la cual podría corresponder o no con el sexo asignado al momento del nacimiento”. Existen así hombres y mujeres trans, personas transmasculinas, transfemeninas, no binarias, entre otras identidades que no encajan en el cis-tema binario de nuestra vida cotidiana.

En realidad, ser cis o trans no debería ser un problema, pero en el Perú, ser trans es, además de complicado, peligroso. ¿Cómo es vivir con un DNI que no te representa? En una investigación realizada junto a Carolina Neyra Sevilla en la Universidad del Pacífico, encontramos que en la última década un grupo importante de personas trans acudió al Poder Judicial buscando que se reconozca su nombre y sexo en sus DNI. Lo que encontramos fue desalentador: procesos judiciales cargados de incertidumbre que podían tomar hasta una década para alcanzar un resultado. Allí, jueces y juezas de nuestro país solicitaban la presentación de pruebas humillantes que iban desde la certificación médica de un trastorno inexistente hasta la costosa cirugía genital. Imagínese por un minuto que cada vez que usted entrega su DNI, alguien verifique que su nombre y sexo no le representan. Y lo peor es que, por más que aspire a dicho reconocimiento, la ruta que tiene por delante es incierta, costosa y violatoria de su privacidad.

Una reciente estadística presentada por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos señaló que en esta región la expectativa de vida de las mujeres trans era de 35 años. Esto es inaceptable. En el caso de Azul Rojas Marín, cuya sentencia está a días de ser notificada por la Corte Interamericana, el Perú será condenado justamente por no sancionar a los policías que la violaron sexualmente en una comisaría. La realidad latinoamericana muestra que las personas trans sufren agresiones cotidianamente cometidas por agentes de las fuerzas del orden que exacerban su vulnerabilidad. Te expulsan de tu casa, no terminas la escuela, tu DNI no te representa, no puedes conseguir trabajo, mucho menos aspirar a culminar una carrera. Y el círculo vicioso se repite invisiblemente ante nuestros ojos.

De allí el temor profundo que tiene hoy la comunidad trans al saber que policías y militares están encargados de supervisar que hombres y mujeres salgan “en los días correctos” a las bodegas y mercados. Pensar que nada les va a pasar es tan ingenuo como suponer que el dicho del presidente o de una ministra condenando los feminicidios terminará por arte de magia con estos crímenes. Las denuncias por discriminación contra miembros de la policía captadas ayer en video por mujeres trans en diferentes ciudades del país confirman esta preocupación. Y nos queda todavía una semana. Entendamos de una vez que la transfobia no se erradica con buenos deseos.

Hace algunos días, Mauro Cabral advertía que “si los reclamos trans son los mismos todos los días es porque la transfobia es la misma todos los días”. Yo quisiera interpelarlo y decirle que si no hay al menos alguna persona trans en su vida, debería preguntarse por qué. Y es que quizás, el problema del cis-tema sea, precisamente, usted.

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