Si entendemos que desarrollar un proyecto energético implica también asumir un compromiso con el territorio en el que nos implantamos y con las personas que forman parte de él, sabremos reconocer mejor que nuestra responsabilidad no comienza con la construcción de una infraestructura ni termina cuando esta entra en operación. Desde las primeras fases de cada proyecto trabajamos para conocer su entorno, escuchar a sus grupos de interés e identificar cómo nuestra presencia puede contribuir de manera positiva y duradera a su desarrollo.
Por eso, la inversión social y la gestión de las relaciones con las comunidades forman parte de nuestra estrategia desde el inicio. No las entendemos como actuaciones aisladas ni como una respuesta a las necesidades que puedan ir surgiendo, sino como una forma de construir los proyectos: desde la cercanía, el conocimiento del territorio y el diálogo permanente. Esta manera de trabajar nos permite anticiparnos, generar relaciones de confianza y orientar nuestras iniciativas hacia aquellos ámbitos en los que podemos aportar un valor real.
En este contexto, uno de los ámbitos prioritarios ha sido favorecer que las oportunidades generadas por el proyecto puedan llegar también a las personas del entorno. Para ello, mantenemos canales de diálogo permanentes con las comunidades que nos permiten conocer los perfiles disponibles, su formación y las condiciones en las que pueden incorporarse al proyecto, facilitando así la conexión entre las necesidades del proyecto y las capacidades existentes en el territorio.
La información constante es otro de los pilares del modelo de gestión social. Durante la etapa de construcción se desarrollan talleres informativos y espacios de participación bajo una premisa fundamental: informar no es un hito puntual, sino un ejercicio continuo de transparencia que permite reducir incertidumbres, escuchar inquietudes y fortalecer la confianza entre todas las partes.
Estas acciones se complementan con capacitaciones en seguridad, salud ocupacional y medio ambiente dirigidas al personal local, así como con talleres para proveedores de la zona orientados a mejorar la calidad de sus servicios, fortalecer su gestión y avanzar en la formalización de sus negocios.
Todo ello responde a una manera de entender la gestión social profundamente vinculada a la cultura y los valores: cercanía, empatía, cuidado y responsabilidad. Los grupos de interés no son actores externos con los que únicamente deban cumplirse determinadas obligaciones; son parte del entorno con el que compartimos un proyecto y aliados fundamentales para construir relaciones sostenibles y generar valor compartido.
Este enfoque nos lleva a trabajar más allá de lo estrictamente exigido, buscando que nuestra presencia en un territorio deje capacidades, oportunidades y relaciones que permanezcan en el tiempo. Durante la construcción de la Central Solar Fotovoltaica Illa, en La Joya, el compromiso establecido en el estudio de impacto ambiental contemplaba que el 32% de la mano de obra no calificada estuviera integrada por trabajadores locales. Actualmente, esa participación supera el 97% y, en julio, alcanzó el 98,3%.
Un proyecto energético se construye con ingeniería, inversión e infraestructura, pero también con confianza. Y esa confianza se trabaja desde mucho antes de que el proyecto empiece a producir energía. Hacerlo así no es una acción complementaria: es parte de nuestra forma de desarrollar proyectos y de entender nuestra responsabilidad en los territorios en los que estamos presentes.
*El Comercio abre sus páginas al intercambio de ideas y reflexiones. En este marco plural, el Diario no necesariamente coincide con las opiniones de los articulistas que las firman, aunque siempre las respeta.