"En Polonia, después del derrocamiento del comunismo, durante muchos años el crecimiento económico se traducía solo ligeramente en el incremento salarial".
"En Polonia, después del derrocamiento del comunismo, durante muchos años el crecimiento económico se traducía solo ligeramente en el incremento salarial".
Mateusz  Morawiecki

Primer ministro de Polonia

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El mundo está saliendo poco a poco de la pandemia del coronavirus, pero, al mismo tiempo, entra en una nueva época de incertidumbre. De cara a nuevas amenazas y retos, se necesita una nueva mirada en la realidad geopolítica. La fuerza de las economías nacionales será la clave para garantizar la seguridad a los ciudadanos.

Polonia regresó al camino de crecimiento económico rápido como uno de los primeros países en Europa. Ya en el segundo trimestre de 2021, el nivel del PIB superó el de la prepandemia. El resurgimiento llegó incluso antes de lo previsto, pero eso solo confirma lo eficaces que resultaron los instrumentos anticrisis aplicados. La estable situación de finanzas públicas hizo posible generar un colchón financiero que salvaguardó los intereses de miles de empresas polacas y de millones de trabajadores. No solo se logró mantener los puestos de trabajo, sino también seguir con el incremento salarial. No obstante, sin salarios realmente más altos, el crecimiento del PIB sería un índice vacío, una trampa que generaría amenazas tanto en la política social, como en la economía.

En Polonia, después del derrocamiento del comunismo, durante muchos años el crecimiento económico se traducía solo ligeramente en el incremento salarial. En vez de una economía cuya columna vertebral sería la solidaridad, teníamos una economía enfocada en el predominio de las plusvalías y, en consecuencia, condenada a generar desigualdades. El programa New Deal polaco elaborado por el Gobierno constituye una propuesta para remediar esta situación. Queremos que los frutos del crecimiento sean divididos en partes iguales y que los trabajadores polacos por fin tengan salarios del nivel europeo. Polonia quiere entrar a formar parte del grupo de los líderes de desarrollo europeos. Por tanto, el modelo de desarrollo basado en bajar los costes laborales y la construcción de la competitividad de nuestra economía sobre la base de mano de obra barata tienen que pasar al olvido.

Una gran parte de ese trabajo lo hemos hecho en los últimos años. Polonia se encuentra en la vanguardia de los países de la OCDE en cuanto al incremento salarial. En Polonia, el salario medio aumentó un 25% respecto al año 2015, mientras entre los países miembros de la OCDE, apenas un 5%. También seguimos siendo el país con uno de los niveles de desempleo más bajos de la UE. Al mismo tiempo, la productividad laboral incrementa: en los años 2015-2019 estaba creciendo aproximadamente un 5% al año siendo esta la tasa más alta entre todos los países de la OCDE.

El ritmo del resurgimiento después de la recesión pandémica es una señal que la economía polaca ha evolucionado con buen rumbo hacia los retos que pone el mundo contemporáneo. La iniciación de los procesos de reindustrialización en el marco de la Estrategia para el Desarrollo Responsable resultó salvadora en el contexto de la epidemia, que afectó principalmente el sector de los servicios. Sin embargo, tenemos que estar conscientes de que están por venir otros fenómenos globales negativos que de forma eficaz pueden ralentizar el resurgimiento poscovid. Un gran riesgo conlleva, sobre todo, la desestabilización de la situación en Oriente Medio que puede iniciar una avalancha de cambios en toda la región y afectar a todo el mundo. Hay que suponer que se está terminando la época de la hegemonía de los EE. UU., pero la geopolítica desconoce del vacío. El lugar ocupado por los Estados Unidos seguramente lo tomará otro y eso significa el cambio de la configuración de los intereses globales.

No sorprende entonces que hoy en día se trata de la restauración de pensamiento sobre la economía como uno de los fundamentos de seguridad de sistemas políticos y Estados contemporáneos. Como en la primera mitad del siglo XX sobre la fuerza de Estado decidía su potencial militar, así en el siglo XXI esa fuerza será definida por el nivel del avance tecnológico.

Sin embargo, sería erróneo considerar que el potencial económico puede construirse nuevamente según los principios neoliberales. Poner la economía en el centro de pensamiento sobre la seguridad tiene que basarse en la sinergia del mercado y Estado. ¿A qué puede llevar la deserción de un Estado de la economía mientras haya debilidad de muchas instituciones? El ejemplo de ello lo constituye Polonia, que durante años fue sujeta a los criterios neoliberales. La pasividad del Estado no solo no propiciaba el desarrollo del mercado libre, sino generaba distorsiones de la competencia y libre florecimiento de la delincuencia fiscal. Así fue siquiera en el caso de la actividad de las tales llamadas «mafias del IVA».

El talón de Aquiles de Polonia, en realidad, desde siempre había sido la debilidad del sistema fiscal y una serie de agujeros en él. Nos despertamos de ese adormecimiento apenas hace un par de años, demostrando que la clave para reconstruir la eficacia de la economía es precisamente el Estado. La magnitud de negligencia se refleja en que el mismo pago honrado de los impuestos en Polonia algunos lo consideraban una aberración. Sin embargo, en la recuperación de las finanzas públicas no basta con cambiar la actitud. Hay que, simplemente, aplicar soluciones concretas que refuercen el sistema fiscal. Para ello hemos creado la Administración Nacional Tributaria [Krajowa Administracja Skarbowa], al mismo tiempo apostando por la digitalización del proceso del control fiscal. ¿Los efectos? La «brecha del IVA» bajó la mitad del nivel anterior de un 24% a un 12%. La administración fiscal eficaz, por otro lado, aumentó la capacidad operacional del Estado en el campo de la política social. Polonia ha podido alcanzar simultáneamente tres objetivos que parecerían estar en conflicto: llevar una política social y de inversiones ambiciosa, rebajar los impuestos y reducir el déficit presupuestario.

La reducción del nivel de la deuda y el sistema de finanzas públicas eficiente hicieron posible una adecuada reacción del Estado a la crisis económica y permitieron desarrollar herramientas de apoyo para los trabajadores y empresas: el Escudo Anticrisis y Escudo Financiero. Así se logró salvar millones de puestos de trabajo, al mismo tiempo mantener los programas sociales claves e inversiones en infraestructuras. Es una prueba casi científica que la reparación del sistema fiscal se traduce automáticamente en el aumento de la seguridad del Estado.

Texto publicado simultáneamente con la revista mensual polaca de opinión Wszystko Co Najważniejsze [Lo Más Importante] en el marco del proyecto realizado con Giełda Papierów Wartościowych w Warszawie.

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