El efecto unión civil, por Helmut Kessel
El efecto unión civil, por Helmut Kessel
Helmut Kessel

La tormenta pasó, y sus vientos fueron reemplazados por unos de cambio. El tema de los derechos civiles para la comunidad homosexual pasó de ser una papa caliente que nadie quería tocar por temor al electorado a estar incluido en nada menos que cinco planes de gobierno, tres de ellos entre los candidatos ‘mayores’: Julio Guzmán, Pedro Pablo Kuczynski y Verónika Mendoza, la cual ostenta el plan más ambicioso en esta materia. Incluso Alfredo Barnechea ha expresado su simpatía hacia estos derechos, independientemente de no haberlos incluido en su plan de gobierno.

Un estudio indica que a pesar de aún haber una mayoría en contra de los derechos para homosexuales, esta no le da importancia al tema a la hora votar. Nada podría demostrar esto mejor que el hecho de que Julio Guzmán, habiendo expresado públicamente su apoyo a la unión civil e incluido toda una sección de su plan de gobierno a la protección legal de la comunidad LGTB, se encuentre firmemente en el segundo lugar de las encuestas y esté en primer lugar en el sur conservador. Mendoza y Barnechea están en ascenso y Keiko tiene como cabeza de lista en Lima a Cecilia Chacón, una defensora del proyecto de unión civil. Es probable que Alan García se hubiera unido a la ola progresista de no haberse dejado influenciar por el PPC. 

Esto es también consecuencia de un cambio generacional reflejado en las estadísticas. Los jóvenes tienen menos prejuicios contra los homosexuales, pues tienen más acceso a la información y viven en contacto más cercano con la realidad de esta comunidad, la cual es más visible en las generaciones menores. Son, por lo tanto, menos proclives a creer en los miedos y profecías no fundamentadas de clérigos y políticos teócratas. Frases homofóbicas y poco articuladas de personajes como Celina Palomino, Julio Rosas o Rubén Condori son generalmente vistas por los jóvenes con sorpresa, rechazo y son motivo de burla. 

Aquellos candidatos que han apostado por los derechos LGTB están demostrando que no es necesario tener miedo a hacer lo correcto aunque no sea aún lo más popular. Le hacen bien a nuestro proceso de democratización, el cual no estará completo hasta que todas las comunidades vivan en situación de igualdad, pues gobernar en democracia es gobernar para todos. Estas alternativas políticas muestran además su visión a largo plazo al apelar a causas que son bien vistas por la juventud o que no las descalifican ante ella. 

A pesar del triunfalismo cortoplacista de sus detractores al ser archivada, es evidente que el proyecto de unión civil se ha echado encima una notable victoria, al haber servido como acelerador del cambio y movilizado a tanta gente tras exponer la homofobia de gran parte del Estado. La unión civil languidece archivada en un cajón, pero sus efectos se sienten ya en las mentes de los jóvenes y en los planes de los candidatos. El trabajo sacrificado de activistas, los debates y discursos, marchas multitudinarias e intercambios apasionados de ideas han puesto sobre la palestra la problemática de la comunidad homosexual en estas elecciones. 

Se generó una tormenta mediática, volaron insultos, abundaron las caras indignadas y discursos furibundos, pero al final el tema quedó en la agenda política y sigue adelante. Esperemos que en el siguiente gobierno la democracia funcione como debe ser.