Fútbol peruanoEl Parlamento Andino: el elefante en la sala
“El Parlamento Andino tiene una enorme capacidad que todavía no hemos aprovechado plenamente”.

Vicepresidenta del Parlamento Andino

Este resumen es generado por inteligencia artificial y revisado por la redacción.

El Parlamento Andino es como un elefante en la sala: todos saben que existe, está ahí, pero pocos conocen realmente para qué sirve y, sobre todo, para qué debería servir.
El Parlamento Andino es como un elefante en la sala: todos saben que existe, está ahí, pero pocos conocen realmente para qué sirve y, sobre todo, para qué debería servir.
El Parlamento Andino es el órgano deliberativo de la Comunidad Andina, integrada por Bolivia, Colombia, Ecuador y Perú. Su función es promover la integración y la armonización legislativa entre nuestros países.
Pero existe una crítica válida: sus decisiones no son vinculantes. No aprobamos leyes que automáticamente entren en vigencia en los cuatro países. Y justamente por eso considero que debemos hacernos una pregunta diferente: ¿cómo hacemos para que una institución no vinculante tenga un impacto real en la vida de nuestros ciudadanos?
La respuesta está en su capacidad de proponer, articular y construir consensos regionales.
Los problemas que enfrentamos tampoco son vinculantes ni respetan fronteras. El crimen organizado, los fenómenos naturales, los mercados internacionales, las nuevas tecnologías y las emergencias sanitarias atraviesan nuestros países. Si los problemas son regionales, nuestras respuestas también deberían serlo.
En seguridad, por ejemplo, debemos trabajar para acercar nuestras legislaciones y fortalecer la cooperación en las fronteras. Las organizaciones criminales aprovechan las diferencias entre nuestros sistemas legales; nuestra respuesta no puede seguir fragmentada. Una mayor armonización normativa permitiría reducir vacíos legales y mejorar la capacidad de nuestros Estados para enfrentar amenazas que operan de manera transnacional.
En el caso del fenómeno de El Niño, la necesidad de cooperación es todavía más evidente. Sus efectos no terminan en una frontera. Compartir información, experiencias, sistemas de prevención y buenas prácticas puede permitir que nuestros países estén mejor preparados para prevenir y mitigar sus consecuencias.
También tenemos una oportunidad en materia económica. Bolivia, Colombia, Ecuador y Perú no deberían verse únicamente como competidores por los mismos mercados. Podemos generar espacios de cooperación para fortalecer nuestra capacidad de negociación, promover nuestras exportaciones y presentarnos ante el mundo como una región con intereses comunes.
Debemos empezar a legislar pensando en el futuro. La electromovilidad es un buen ejemplo. Los vehículos eléctricos ya están transformando nuestras ciudades, pero nuestras regulaciones no necesariamente avanzan al mismo ritmo. Desde el Parlamento Andino podemos impulsar propuestas para acercar estándares, facilitar la movilidad entre nuestros países y desarrollar condiciones comunes para una tecnología que será cada vez más importante.
Lo mismo ocurre con la inteligencia artificial y la propiedad intelectual. En un mundo donde las fronteras digitales prácticamente han desaparecido, proteger la innovación y los derechos de nuestros creadores requiere empezar a pensar también desde una perspectiva regional.
Estos son solo algunos ejemplos del trabajo que podemos desarrollar.
El valor está precisamente en otro lugar: en sentar a nuestros países en una misma mesa, identificar problemas comunes y construir propuestas que puedan convertirse en políticas y normas dentro de cada Estado.
El Parlamento Andino tiene una enorme capacidad que todavía no hemos aprovechado plenamente. La pregunta ya no debería ser si sus decisiones son vinculantes, sino qué hacemos con la capacidad que sí tenemos para generar acuerdos, propuestas y cooperación regional.
El elefante está en la sala. Todos sabemos que existe. Ahora tenemos que hacerlo útil.










