(Foto: Minedu)
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Carla Gamberini

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Las niñas, adolescentes y mujeres en el Perú sufrimos de violencia y desigualdad en mucho mayor proporción que los hombres. Las niñas representaron el 88% de casos de violencia sexual contra menores de 14 años entre 2017 y 2018; y, el 22,7% de las adolescentes en el 2019 estaban embarazadas o daban a luz. A la vez, el 57,7% reporta alguna vez haber sufrido violencia de parte de sus parejas y mensualmente al menos 13 mujeres son víctimas de . ¿Cómo combatir la en nuestro país? La respuesta pasa necesariamente por educar en igualdad de género.

En el 2016 se introdujo formalmente el enfoque transversal de en el Currículo Nacional de Educación Básica. Hoy se requiere continuar desarrollando estrategias desde las aulas presenciales y virtuales para lograr a mediano y largo plazo impactar en la reducción de la violencia. Sin embargo, su continuación podría estar en peligro debido a la desinformación y politización del tema en la esfera pública.

De acuerdo a Unesco, por igualdad de género nos referimos a “la igualdad de derechos, responsabilidades y oportunidades de las mujeres y los hombres, y las niñas y los niños”, y su consolidación al año 2030 es el quinto Objetivo de Desarrollo Sostenible para más de 100 países, incluido el Perú. Bajo esta misma meta, nuestro currículo nacional incluye el enfoque como uno de sus 7 enfoques transversales.

La enseñanza bajo este enfoque permite romper con estereotipos que justifican las conductas de violencia hacia mujeres y restringen su acceso a mejores condiciones de vida. La igualdad de género en la escuela forma en valores de dignidad, justicia y empatía. El enfoque no significa “homosexualizar” a los estudiantes, no es una ideología, y no le quita la responsabilidad a las familias de educar a sus hijas e hijos. En países como Perú, donde las violaciones a menores de 14 años tienen mayoritariamente como agresor a un integrante del grupo familiar, la escuela debe ser un espacio seguro donde las niñas y niños aprendan a prevenir, defenderse y denunciar la violencia en su contra. Las herramientas que necesitan para lograrlo se desarrollan en el marco del enfoque de igualdad de género y se adaptan a cada edad escolar.

Además de ser víctimas de violencia, las niñas, adolescentes y mujeres en zonas rurales también son víctimas de desigualdad educativa, lo cual perjudica su desarrollo económico. Solo 5 de cada 10 adolescentes completan oportunamente la secundaria. Las causas más comunes son el embarazo y/o la decisión de sus padres de priorizar que realicen actividades del hogar. Asimismo, solo el 6,2% de mujeres acceden a educación superior (frente a 33,5% en zonas urbanas) y 46% no cuentan con ingresos propios sino que dependen económicamente de un hombre. Por lo mismo, es necesario que se eduque a las niñas y niños como iguales y se involucre a las familias también en el desarrollo de estos aprendizajes. Así, cuando crezcan, sabrán que sus aspiraciones tienen igual valor y que son igualmente capaces de lograr lo que se propongan.

Los adultos reproducimos las prácticas que aprendemos desde niños. Por tanto, es urgente formar a nuestros niños y niñas como iguales, y cerrar la brecha de desigualdad educativa que afecta a las mujeres. Esto es precisamente lo que promueve el enfoque de igualdad de género.

Somos 16,6 millones de mujeres en el Perú y hoy estamos limitadas en nuestras oportunidades y derechos. Más aún, nuestras vidas están amenazadas en hogares, escuelas y en las calles. Si no está en duda que es urgente reducir la violencia y discriminación contra nosotras, entonces no debería estar en duda tampoco continuar con el desarrollo del enfoque transversal de igualdad de género en las escuelas. No nos podemos permitir retroceder en lo poco que se ha avanzado.