El presidente electo de Estados Unidos, Joe Biden, ya ha anunciado a varios de los altos funcionarios que lo acompañarán en su administración a partir del próximo enero. (Foto: Reuters/Leah Millis).
El presidente electo de Estados Unidos, Joe Biden, ya ha anunciado a varios de los altos funcionarios que lo acompañarán en su administración a partir del próximo enero. (Foto: Reuters/Leah Millis).
Rosa  Brooks

Profesora de Derecho de la Universidad de Georgetown. Columna especial para "The New York Times"

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ha comenzado a anunciar a los candidatos a su gabinete, y : sus selecciones incluyen a un experimentado diplomático afroamericano para embajador en las Naciones Unidas; el primer latino nominado como secretario de seguridad nacional; y la primera mujer elegida para servir como directora de inteligencia nacional.

Sin embargo, Biden ha guardado silencio sobre a quién podría seleccionar como secretario de Defensa. Durante años, las apuestas han estado en Michèle Flournoy, que es vista como una de las principales expertas en políticas de defensa del país. Pero aunque se informa que Flournoy sigue siendo una de las principales contendientes, se ha especulado que Biden puede elegir uno de los varios hombres que también están en su lista.

Eso sería miope. Si Biden nombra a una mujer respetada y altamente calificada, enviaría un mensaje importante: que las viejas normas y prejuicios del Departamento de Defensa no perjudicaron solo a las mujeres, sino al país.

El Departamento de Defensa ha sido visto durante mucho tiempo como singularmente inhóspito para las mujeres. Los líderes de seguridad nacional (casi siempre hombres) han argumentado durante años que simplemente no había suficientes candidatas calificadas para ocupar puestos de alto nivel en el Departamento, una excusa que alguna vez pudo haber tenido cierta validez, pero que hoy suena hueca.

Ahora hay decenas de mujeres talentosas que han pasado años dominando todo, desde la estrategia militar hasta los presupuestos, la logística y las adquisiciones. En setiembre, el consejo de liderazgo para mujeres en seguridad nacional proporcionó al equipo de transición de Biden los nombres de al menos cuatro mujeres calificadas para cada puesto de seguridad nacional confirmado por el Senado.

Si se necesitaron décadas para que un grupo considerable de mujeres altamente calificadas emergieran como potenciales líderes del Pentágono, eso no es casualidad. Durante la mayor parte de la historia de nuestra nación, la legislación abiertamente discriminatoria y las normas del Departamento de Defensa limitaron gravemente la capacidad de las mujeres para ascender.

En las fuerzas armadas uniformadas, la igualdad de género ha resultado aún más difícil de alcanzar que la igualdad racial. La discriminación racial en el ejército fue prohibida en 1948, y el primer general afroamericano de cuatro estrellas fue nombrado en 1975. En 1989, se nombró al primer presidente afroamericano del Estado Mayor Conjunto.

Pero el mismo año en que se ordenó a los militares que se integraran racialmente, el Congreso también aprobó una legislación que ordenaba que las mujeres no representaran más del 2% del personal militar, un límite que se levantó solo en la década de 1970. Incluso hoy, las mujeres constituyen solo el 16,5% de la fuerza en servicio activo.

Hasta 2015, las mujeres también tenían prohibido desempeñar funciones de combate. Esto dificultó que las mujeres obtuvieran altos cargos militares, que se destinan principalmente a aquellos con distinguidos antecedentes de combate.

Estas leyes y políticas no solo fueron injustas para las mujeres, sino también disminuyeron la capacidad del país para desarrollar políticas de seguridad nacional inteligentes y efectivas. Los estudios sugieren que las organizaciones con equipos de liderazgo con diversidad de género superan a las organizaciones con liderazgo dominado por hombres y que las organizaciones diversas son menos propensas al “pensamiento de grupo”.

enfrenta problemas de seguridad nacional que van desde la pandemia hasta el cambio climático, una crisis de refugiados y el surgimiento de competidores cercanos como China. Estos temas complejos e interconectados requieren enfoques nuevos, no una reversión a los viejos modos de pensar sobre la política de defensa.

Si Biden elige a una mujer como su secretaria de Defensa, tendrá un impacto simbólico único y poderoso, lo que indicará tanto su repudio a la historia de discriminación por motivos de sexo del Departamento de Defensa como su intención de construir el tipo de liderazgo de seguridad nacional diverso e innovador que la nación necesita con tanta urgencia.


–Glosado y editado–

© The New York Times