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El gran plan del Osiptel, por Mario Zúñiga

Proyecto para modificar el Reglamento General de Tarifas.

Osiptel no amplió plazo para proponer cargos de interconexión

Osiptel no amplió plazo para proponer cargos de interconexión

El Osiptel ha presentado la semana pasada un proyecto para modificar su Reglamento General de Tarifas con la finalidad de que los consumidores de telefonía obtengamos más a un menor precio. Entre otras cosas, el proyecto eliminaría una gran cantidad de los planes tarifarios vigentes, bajo la premisa de que los “más de 2.300 planes existentes” serían “demasiados”, y eso nos sobrecarga de información. Además, la propuesta contempla una reducción obligatoria de como mínimo el 40% a las tarifas aplicables a personas con discapacidad. Se trata de un proyecto que pone demasiado énfasis en reducir las tarifas de hoy, a costa del buen servicio de mañana.

En primer lugar, eliminar los planes tarifarios que supuestamente no nos son “favorables” (a los que llama “planes dominados”), porque nos ofrecen, por ejemplo, menos minutos de llamadas a un precio igual o mayor que otros planes aprobados con posterioridad, puede ser problemático. El proyecto ignora (o deliberadamente pasa por alto) que los “más de 2.300 planes” no son los que actualmente ofrecen las operadoras. Si usted entra hoy a una agencia de cualquiera de las operadoras del mercado, le ofrecerán entre 5 o 9 planes distintos; con distintos precios y atributos. Más llamadas, más mensajes de texto o, como dicta la más reciente tendencia, más datos o aplicaciones “gratis”. La gran mayoría de planes tarifarios a los que se refiere el Osiptel son planes que se ofrecieron en el pasado y que se mantienen mientras dure la vigencia del contrato correspondiente. El consumidor que no está contento con dicho plan puede cambiarse de plan dentro del mismo operador o cambiarse de operador (hoy, con la portabilidad numérica, puede hacerse en un día y a un costo bastante bajo). No es que sea tan difícil, entonces, escoger un plan que se acomode a nuestras preferencias.

Por otro lado, la propuesta desconoce ese proceso de descubrimiento que es la competencia. Las operadoras ofrecen planes tomando riesgos acerca de la capacidad de pago de sus clientes, de estimados de demanda y de preferencias. No es raro que un plan tenga poco éxito comercial o sea poco rentable y las empresas deban cambiarlo. Al intervenir en este proceso, el Osiptel está sustituyendo la competencia en vez de cumplir su verdadero rol: promoverla.

En segundo lugar, el regular una tarifa reducida para las personas con alguna discapacidad puede ser loable, pero no necesariamente es el mecanismo más adecuado para ayudarlas, e incluso puede tener efectos perjudiciales. Se trata, para empezar, de un ‘subsidio ciego’ otorgado a todas las personas con discapacidad sin diferenciar su condición socioeconómica ni discapacidad específica. ¿Una persona con discapacidad del sector socioeconómico A necesita este subsidio? ¿Una persona con sordera necesita descuento en las llamadas? ¿O más bien un plan con pocos minutos de llamadas y muchos datos? También debemos preguntarnos quién asume el costo de este subsidio. ¿No sería mejor otorgar vouchers (financiados con impuestos) adecuadamente focalizados? Tal como se propone, este subsidio terminará encareciendo el servicio en perjuicio de todos los consumidores.

Ambas propuestas, aunque bienintencionadas, pueden terminar perjudicando la competencia en el sector y, peor aún, al mismo consumidor al cual buscan proteger. Como señala Hayek en “Camino de servidumbre”, “mientras más planes diseña el Estado, más difícil es planear para los individuos”.

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