(Juan Ponce/El Comercio)
(Juan Ponce/El Comercio)

Pobre sector Salud. Se perdió todo un quinquenio en la gestión anterior y ahora, en esta administración, se empezó mal. Ahora nos encontramos con hospitales colapsados y con un gran descontento por parte de la población y de los profesionales de salud (estos últimos enfrentados con la ministra Patricia García por el aparente maltrato que sufren por parte de ella y su equipo). Tanto es así que representantes del Colegio Médico, la Federación Médica Peruana y la Asociación de Médicos del Ministerio de Salud iniciaron ayer una huelga.

¿Cómo llegamos a esta crisis? Primero con el destape del asesor del “negociazo”, los nombramientos poco prudentes y los problemas de corrupción en el SIS aún no resueltos. Ya en una columna anterior se le advirtió al gobierno que debería tener especial cuidado con el Seguro Integral de Salud (SIS), el Instituto de Gestión de Servicios de Salud (IGSS) y la Dirección General de Medicamentos, Insumos y Drogas (Digemid) por ser entidades no muy transparentes en su gestión (“”, 31/10/2016).

Más adelante, con el pedido de facultades legislativas, el Ejecutivo trató de adscribir el INEN al Minsa, pero el Congreso prudentemente lo impidió. Se declaró en emergencia a los hospitales de Lima y no a los de provincias (que estaban aún peor), y se destinaron 100 millones de soles que fueron insuficientes.

Llegó después El Niño costero y la evidente falta de prevención hizo que se tomaran medidas cuando el problema ya había reventado. Existen manuales y protocolos de la Organización Mundial de la Salud que señalan claramente qué medidas tomar ante este tipo de catástrofes. Si hay inundaciones, aniegos, colapso del alcantarillado, población a la intemperie o en refugios con hacinamiento y falta de baños y letrinas, lo que se espera son enfermedades vectoriales (como dengue, chikunguña y zika), enfermedades diarreicas, problemas dérmicos, respiratorios por contaminación, etc. Y hay que prepararse para ello.

Luego vino el cambio del organigrama del nivel central y se eliminaron varias direcciones, entre ellas la de Promoción de la Salud, justo la que se necesita en tragedias como la de El Niño, sin explicación alguna. Así ocurrió también con la de Poblaciones Indígenas u Originarias, aunque después fue repuesta por la presión de la sociedad civil.

Lo lógico hubiera sido que esta administración se enfocara en objetivos que combatieran la corrupción a nivel institucional, los problemas de acceso, la calidad de los servicios y la eficiencia en el gasto. Esto al tiempo que enfrenta los problemas más graves de salud (como desnutrición crónica y anemia infantil, mortalidad materna, enfermedades diarreicas y respiratorias de la infancia, tuberculosis, salud mental y enfermedades vectoriales) e implementa una política de atención primaria, equipando y poniendo en funcionamiento los 742 establecimientos estratégicos a lo largo de todo el territorio para que sirvan de contención de la demanda.

Pero ello requiere que la alta dirección del Minsa conozca de sistemas y servicios de salud, lo que aparentemente no sucede. Al parecer, estamos ante una gestión sin rumbo y que solo reacciona a las coyunturas. Se necesita un cambio de dirección. La población debe volver a confiar en su sistema de salud, el cual debe ser ofrecido con transparencia, calidez y con respeto a sus derechos.