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Intereses estatales, por Óscar Vidarte

“La lucha por la democracia en Venezuela no debería implicar el uso de la fuerza ni tampoco la implementación de sanciones económicas”.

Óscar Vidarte A. Internacionalista de la PUCP

Tazza

“Los cambios en el escenario político regional estos últimos años posibilitan una crítica más dura contra el régimen de Maduro”. (Ilustración: Giovanni Tazza)

Los Estados siempre actúan en base a intereses. Esto no significa que los principios no importen, pero cuando los intereses del país están en riesgo, no existe principio que valga. Ya lo decía Henry Kissinger al referirse a los Habsburgo luego de la derrota en la Guerra de los 30 años: “eran hombres de principios”: no comprendían la relevancia de los intereses nacionales.

Ciertamente, el escenario perfecto sucede cuando los intereses de un país coinciden con el respeto al derecho o la moral internacional, pero, tratándose de EE.UU., ¿alguien cree que la potencia mundial está realmente preocupada por la democracia en Venezuela? El gobierno de Donald Trump ha mostrado su apoyo a gobiernos poco democráticos alrededor del mundo (Arabia Saudí, Polonia, Israel) y tampoco parece tener interés por impulsar la democracia en el sistema interamericano al reconocer a Juan Orlando Hernández como presidente de Honduras luego de que la OEA pidiese nuevas elecciones.

No obstante, aunque en el caso venezolano la defensa de la democracia podría justificar la política exterior estadounidense, la amenaza del uso de la fuerza que Trump utiliza constantemente, ilegal en todo sentido de la palabra, termina por deslegitimar cualquier crítica al régimen de Maduro. No resulta casual que, en la relación actual entre EE.UU. y América Latina, predomine una agenda confrontacional (poco cooperativa), dominada por temas como el muro en la frontera mexicana, el alejamiento de Cuba, una política represiva contra la migración, y ahora Venezuela.

Entonces, ¿qué busca Trump en Venezuela? Algunos dirán su petróleo. Es probable, pero también parece un momento perfecto para lanzar una advertencia a China y Rusia por su presencia en el hemisferio occidental y al mismo tiempo golpear a uno de los principales representantes de esa izquierda latinoamericana que tanto complicó a EE.UU. en los últimos 20 años.

Y, en cuanto al Perú, ¿cuál es el interés de nuestro país respecto a lo que sucede en el país caribeño? No cabe duda de que defender la democracia en Venezuela es importante para Torre Tagle, pero no es una explicación suficiente. Caso contrario también la diplomacia peruana debería articular una crítica contra el régimen chino o lo poco democrático que resulta el discurso de Trump en varios aspectos, pero esto no sucede así. China y EE.UU. son fundamentales para nuestros intereses.

Los cambios en el escenario político regional estos últimos años posibilitan una crítica más dura contra el régimen de Maduro. Además, las potencias latinoamericanas que podrían asumir cierto papel frente a la evidente ruptura del orden constitucional en Venezuela no están en la capacidad de hacerlo, lo cual permite que un país como el Perú pueda asumir un rol importante en esta crisis, fortaleciendo su reputación y liderazgo en materia de política exterior.

Si a esto le sumamos nuestra preocupación por la migración de miles de venezolanos a la región, siendo el Perú el segundo principal destino, nuestro país cuenta con los intereses suficientes para impulsar acciones en favor de la democracia en Venezuela. Pero ¿qué significa defender la democracia?

En principio, la lucha por la democracia en Venezuela no debería implicar ni el uso (menos la amenaza) de la fuerza, ni tampoco la implementación de sanciones económicas, las mismas que afectan más al pueblo y que han demostrado ser estadísticamente ineficientes.

En todo caso, ante la posibilidad de un desenlace violento, el diálogo debe ser la primera opción. Lamentablemente, la estrategia de presión diplomática utilizada por el Grupo de Lima, interesante en un inicio, ha ido cambiando, y hoy parece servir a los intereses de una acción armada (aunque se haya manifestado lo contrario). Pero, frente al fracaso en los últimos diálogos promovidos entre el chavismo y la oposición, este nuevo intento debe estar supeditado a la realización de nuevas elecciones libres y transparentes. Esta posición adoptada por varios países europeos, Uruguay, Costa Rica y Ecuador debería ser considerada. El Grupo de Lima y, por ende, el Perú podrían asumir esta posición. Sin dejar de pensar en nuestros intereses, se puede favorecer una salida democrática y pacífica en Venezuela.

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