En el Perú, diversos hospitales públicos y clínicas privadas ya cuentan con sistemas de cirugía robótica. Se han realizado cientos de procedimientos y existen alrededor de 90 médicos especializados en esta técnica. La tecnología llegó. La pregunta que nos toca responder es si estamos formando a los profesionales capacitados para manejarla.
A nivel mundial, la tendencia es clara. Existen más de 11.000 sistemas quirúrgicos robóticos instalados y se practican más de un millón de cirugías con este abordaje cada año. Esta tecnología no busca sustituir al cirujano, sino potenciarlo. Aunque estos sistemas ofrecen una precisión notable, no actúan solos; son las manos del cirujano las que siguen controlándolos en todo momento. Lo que aportan es una visión tridimensional de alta definición, instrumentos articulados con mayor rango de movimiento y la eliminación del temblor fisiológico.
Los beneficios están documentados: en Europa, los procedimientos robóticos reportan una reducción del 29% en la estancia hospitalaria y del 33% en complicaciones quirúrgicas. Menos días de hospitalización significa menor número de camas utilizadas, de personal y de recursos, un beneficio para el sistema de salud y, sobre todo, para el paciente.
Por eso, el verdadero indicador de madurez de esta tecnología en el país no será cuántos robots se instalen, sino la cantidad de especialistas que estén preparados para utilizarlos apropiadamente. El principio de velar por la seguridad del paciente sigue siendo el criterio que debe ordenar cómo incorporamos cualquier novedad a la práctica clínica.
Hasta hace poco, un médico peruano interesado en especializarse en cirugía robótica con estándares internacionales tenía que salir del país. Aquello significaba una fuga de talento hacia Brasil o Europa, donde sí existían los espacios de formación que aquí no teníamos.
Esta realidad empieza a cambiar. Que la Universidad Científica del Sur cuente hoy con un Centro de Cirugía Robótica dedicado a la formación, con simuladores que permiten practicar antes de intervenir a un paciente real, representa un avance significativo.
No se trata de decidir cuántos robots se instalan en el sistema de salud; esa es una decisión que le corresponde a cada institución de salud, pública o privada, según sus necesidades. Pero sí es nuestra responsabilidad, como institución educativa, asegurarnos de que quienes van a operar esas máquinas lleguen debidamente preparados.
La cirugía robótica continuará expandiéndose en el Perú. El desafío es tanto tecnológico como formativo. Universidades, sistema de salud y comunidad científica compartimos la responsabilidad de que ese avance beneficie a quien debe estar siempre al centro de esta conversación: el paciente.