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La seguridad energética necesita de las energías renovables
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En el 2024, el presidente ecuatoriano Daniel Noboa empezó su mandato corto con un gran problema. El país, inesperadamente, se quedó sin energía. Por espacio de más de dos meses hubo racionamientos diarios de electricidad de hasta por más de 12 horas. Imagínese, no hubo clases en las escuelas, y el acceso a Internet o cualquier servicio básico o actividad que requiera electricidad pasó a hacerse entre medianoche y el amanecer. Algunos consiguieron aliviar el problema con generadores de electricidad portátiles y, aun así, los combustibles escasearon al punto de no poder satisfacer la demanda local, ni para los generadores.
Algunos estiman el costo social y económico directo en miles de millones de dólares. La principal causa fue una sequía sin precedentes que dejó a sus represas, la fuente de la mayor parte de su matriz energética, con un flujo de agua insuficiente para operar. Ahora, ya en otra etapa de su mandato, tiene que pensar en prevención.
Una crisis energética distinta, pero de gran impacto es la que aún se vive en Bolivia. Se les está acabando el “gas-de-cada-día”. Allá, donde los hidrocarburos (principalmente gas), además de ser una de sus principales entradas económicas, son también la principal fuente de energía primaria. La escasez está ocasionando una seria crisis económica que ha dejado al país con una falta de liquidez de dólares, en una situación de emergencia que está afectando a las otras bases de su economía, como la industria agroexportadora y la minera. Igualmente, el costo sigue siendo enorme, también en el orden de miles de millones de dólares. En Bolivia, la hidroenergía representa alrededor del 25% (nivel comparativamente bajo para la región). Pero allá, y a diferencia de Ecuador, la razón de la crisis energética fue totalmente predecible. Por posturas políticas, ideológicas y negligencia, las alarmas fueron ignoradas y el país cerró las puertas a inversiones para renovar sus reservas, pues el concepto de energía no renovable no es literal.
Otra situación es la de Colombia, un país rico en energía. Aparte de serel principal exportador de carbón mineraldel continente, es y sigue siendo un país en gran parte dependiente de los combustibles fósiles. Sin embargo, el gas se les ha estado acabando, al punto que este año por primera vez en varias décadas ha importado gas para el consumo nacional. Pero a diferencia de Bolivia, las exploraciones para encontrar hidrocarburos, dentro y fuera de Colombia, han seguido a pesar de la retórica populista. La empresa del Estado, Ecopetrol, se ha mantenido inmune a los vaivenes y discursos políticos. Y, para suerte de ellos, a fines del año pasado encontraron un depósito de gas que, según se proyecta, triplicará sus reservas por décadas.
Y, por último, Chile que, entendiendo sus limitaciones en cuanto a fuentes de hidrocarburos, y de los riesgos que su explotación trae, está usando su particular y apropiada geografía de mucho sol y viento. Como nación está apostando al futuro con inversiones en energías renovables (solar, térmica y eólica) al punto de que estas hoy conforman una tercera parte de su matriz energética (30%), muy por encima del resto de países latinoamericanos. Comparativamente, en estos e incluyendo al Perú, las energías renovables se mantienen debajo del 10%.
Estas historias traen lecciones que deben examinarse con detenimiento particularmente en el Perú. Para empezar, y en estos tiempos cambiantes, ninguna fuente energética es segura. El cambio climático, con falta y/o exceso de lluvias, coloca a la hidroenergía, nuestra principal fuente energética, en una situación de riesgo. Y no solo han sido las sequias, sino también las amenazas de desbordes en represas, como sucedió en Colombia este año. De igual manera, sabemos que nuestro gas tiene vida limitada y, de no hallar nuevas reservas, sumado a los impactos de la geopolítica (e.g. proteccionismo económico y guerras), abren un escenario donde incluso la disponibilidad de hidrocarburos puede ser comprometida. Es estratégicamente necesario diversificar y reducir las dependencias a esas fuentes.
Es sabido que las energías renovables tienen sus propias limitaciones en cuanto a disponibilidad, almacenamiento, costos u otras. Sin embargo, de tener la infraestructura apropiada, estas resultan más confiables que otras con menor frecuencia de apagones. Como producto de la desinformación, han sido bastante notorios los apagones en España, Portugal y Chile, cuando en realidad estos han sido causados no por las fuentes en sí mismas, sino más bien como consecuencia de deficiencias en la infraestructura.
La diversificación de fuentes debe además ser pensada de manera que sea complementaria una a otra, y todas dentro de un marco de protección ambiental y social. Las inversiones para obtener energía, cualquiera sea y en particular los hidrocarburos, deben hacerse respetando los ambientes frágiles, la biodiversidad y las funciones ecológicas esenciales que mantienen el clima y alimentan a la población. Algo en lo que tenemos mucha experiencia en el Perú es que sin la “licencia social” todos pierden.
China es el líder mundial en energías renovables, y tenerlo como nuestro principal socio comercial nos da una ventaja. Sigamos el ejemplo de Chile y Argentina que están llevando una clara política de diversificación, con enormes inversiones para desarrollar las energías renovables y atraer tecnología energética.
Si bien ya tenemos avances en este rubro, debemos intensificarlos a nivel nacional. Chancay nos abre una oportunidad.

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