Igor V. Romanchenko

Embajador de Rusia en el Perú

Este año se conmemora el aniversario 75 del fin de la Segunda Guerra Mundial y de la gran victoria contra el nazismo. Este conflicto se convirtió en una de las tragedias más sangrientas y de las catástrofes humanitarias más grandes de la historia. La guerra, que duró seis años, involucró a 61 estados con un total de 1.700 millones de habitantes, es decir, más del 80% del número total de personas que vivían en aquel entonces en el planeta. Los nazis exterminaron el patrimonio nacional de pueblos enteros. Solo en Europa se destruyeron 23,6 millones de viviendas, 14,5 millones de plantas industriales y más de 200 mil kilómetros de vías férreas.

Las enormes pérdidas humanas fueron el resultado más terrible de esta masacre: más de 55 millones de personas murieron durante estos años en el fuego del conflicto. Las acciones militares de los países del bloque fascista fueron acompañadas por atrocidades y genocidio sin precedentes contra la población civil bajo ocupación.

La Unión Soviética fue el país más afectado en esta guerra, ya que la victoria de la coalición anti-Hitler se decidió, ante todo, en el frente soviético-alemán. Los hechos hablan por sí mismos: el número total de las pérdidas humanas del pueblo soviético ascendió a más de 26 millones de personas. De ellos, 8,6 millones de soldados fallecieron en las batallas por la liberación de la patria y un millón más por la liberación de Europa (en comparación, las bajas militares de EE.UU. fueron 405 mil y las de Gran Bretaña, 375 mil). El indicador importante de que el frente germano-soviético fue crucial en la Segunda Guerra Mundial son las pérdidas que sufrió allí el enemigo nazi: más de 7 millones de personas (de los 9,4 millones en toda la guerra). La contribución decisiva de la Unión Soviética fue reconocida explícitamente por nuestros aliados. Winston Churchill, primer ministro de Gran Bretaña, escribió en su mensaje a Iosif Stalin: “Las futuras generaciones reconocerán su deuda con el Ejército Rojo de manera tan incondicional como lo hacemos nosotros, los que hemos sobrevivido para ser testigos de estos excelentes logros”. Harry Truman, presidente de EE.UU.: “Apreciamos profundamente la excelente contribución de la poderosa Unión Soviética a la causa de la civilización y la libertad”. Y Manuel Prado, presidente del Perú, felicitando el 9 de mayo de 1945 a la Unión Soviética por la victoria, subrayó que ella “se logró con esfuerzos y sacrificios heroicos del pueblo ruso”.

La gran victoria tuvo el significado político trascendental para el curso de la historia mundial: se crearon las condiciones para la formación del orden global en que se basa hasta hoy toda la comunidad internacional y que tiene como estructura fundamental a la ONU. El sistema multilateral ONU-céntrico, que permitió mantener el planeta sin conflictos globales durante 75 años, sigue siendo sólido hoy día y sirve de una “malla de seguridad”, que ha probado su eficiencia, garantizando el desarrollo pacífico de la humanidad incluso en el contexto de la divergencia de intereses y la competencia entre las potencias líderes.

Por ello ahora, cuando el mundo se enfrenta a un reto de seguridad sin precedentes en la historia moderna –el –, es particularmente lamentable ver los intentos deliberados de reescribir el curso y significado de los acontecimientos de aquellos años, tergiversando la verdad histórica.

Ahora es sumamente importante recordar las lecciones imperecederas de la Segunda Guerra Mundial, dejar de lado las viejas diferencias ideológicas y juegos geopolíticos para unirse en la lucha contra una amenaza común. La experiencia de la cooperación desideologizada, la que obtuvieron en la época de la guerra los estados con distintos sistemas políticos, económicos y sociales, hoy es más necesaria que nunca.

En víspera del aniversario de la gran victoria quisiera rendir homenaje a todos los que pagaron con sus vidas por ella durante la guerra, así como felicitar cordialmente a todos los veteranos de la coalición antihitleriana. Vamos a ser dignos herederos de su hazaña eterna, del mundo que conquistaron a costa de sus vidas para las futuras generaciones.