¿Por qué marchar?, por Max Obregón Rossi
¿Por qué marchar?, por Max Obregón Rossi
Redacción EC

Uno de los primeros reclamos públicos contra la programación de nuestra televisión ocurrió en 1998, cuando, en el desaparecido programa “Fuego cruzado” de ATV, una comentarista de espectáculos de entonces enrostró a que “Trampolín a la fama”, el programa con mayor ráting durante décadas, estaba lleno de contenido basura. Hoy aquella persona cambió de posición y se convirtió hace años en abanderada de la .

Existen múltiples trabajos sociológicos y académicos en el mundo que explican por qué se llama así a ciertos contenidos del más importante de los medios de comunicación masivos. Sin embargo, la sabiduría popular la define como utilización del morbo, del sensacionalismo y del escándalo para atraer audiencia.

En el Perú, para limpiar la inmundicia del que fueron protagonistas nuestras televisoras durante la década de 1990, se promulgó en el 2004, durante el gobierno de Alejandro Toledo, la (28278), que señala, entre otros puntos, que ambos medios de comunicación deben fomentar la educación, la cultura y la moral de la nación. Además, proteger y dar formación integral a niños y adolescentes, así como promover el respeto de la institución familiar. Asimismo, agrega que deben promoverse los valores y la identidad nacional, tener responsabilidad social, respetar el código de normas éticas, el honor, la buena reputación y la intimidad personal y familiar. Por tanto, quienes afirman que la televisión solo es un negocio de entretenimiento ni siquiera han leído la ley.

No obstante, el aspecto más importante por el cual marcharemos este viernes 27 jóvenes, padres y madres de familia con sus hijos, adultos mayores, profesionales, estudiantes, trabajadores independientes y todo ciudadano mortificado por lo que les ofrecen los canales de señal abierta está referido al artículo 40, que señala: “La programación que se transmita en el horario familiar debe evitar los contenidos violentos, obscenos o de otra índole, que puedan afectar los valores inherentes a la familia, los niños y adolescentes. Este horario es el comprendido entre las 06:00 y 22:00 horas”.

La propia ley establece que el incumplimiento de las normas relativas al horario familiar y de protección al menor es una infracción grave, y que pueden aplicarse multas a las televisoras entre 10 y 30 UIT (38.000 y 114.000 soles).

Los libertinos solo tienen como argumento que usemos el control remoto para cambiar de canal si no nos gusta lo que ofrecen como programación. Los respetuosos del orden jurídico decimos que existe una ley y debe cumplirse. Su argumento es igual a decir: “Si no te gusta que en tu barrio huela a basura, múdate a otro lugar”.

Estos mismos defensores de la ilegalidad (¿de qué otra forma puede llamarse a quienes incumplen el artículo 40?) dicen que la televisión no tiene la obligación de educar y que esto es obligación de los padres. Falso.

La Ley de Radio y Televisión vigente les demanda colaborar con el Estado en la educación y la formación moral y cultural, destinando para ello un porcentaje mínimo dentro de su programación. Que los propietarios nos informen cómo han cumplido este artículo.

Las ondas televisivas pertenecen al Estado y, por consiguiente, a todos los peruanos. Es nuestro derecho fiscalizarlas, pues las instituciones encargadas no lo hacen.