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El milagro de Albania, por Ricardo Hausmann

“El sistema de asistencia financiera internacional y las instituciones de financiamiento pueden ser de gran ayuda”.

Ricardo Hausmann Director del Centro para el Desarrollo Internacional de la Universidad de Harvard

Albania

“El ingreso per cápita hoy en Albania es el 25% del de Alemania. Si mantiene su tasa de crecimiento actual, lo igualará dentro de 32 años”. (Ilustración: Víctor Aguilar Rúa).

Ilustración: Víctor Aguilar Rúa.

Hace cinco años, Albania enfrentaba una situación verdaderamente inquietante. Dado que Grecia e Italia sufrían los efectos de la crisis del euro, las remesas y las entradas de capital estaban en descenso, y la economía albanesa pasaba por una fuerte desaceleración. Su déficit fiscal había llegado a elevarse a más del 7% del PBI, financiado en gran parte por pagos atrasados, ya que había colapsado el acceso a mercados financieros externos y los intereses domésticos estaban por las nubes.

Adelantemos al presente: la economía crece a un robusto ritmo del 4,2%, impulsada por un aumento en las exportaciones, los sectores del turismo y los servicios empresariales. La moneda se fortalece y las tasas de interés son las más bajas de su historia. Hoy, el riesgo soberano es el más bajo entre los países de su misma calificación crediticia, lo que indica que los mercados piensan que las agencias calificadoras se han quedado dormidas. Considerada en un momento como la Corea del Norte de Europa bajo el mandato del dictador comunista Enver Hoxha, el ingreso per cápita hoy en Albania es el 25% del de Alemania. Y si mantiene su tasa de crecimiento actual, lo igualará dentro de 32 años.

¿Cuál fue el secreto del vuelco de Albania? En primer lugar, el primer ministro Edi Rama acudió al FMI apenas asumió el poder en el 2013. Su gobierno negoció un programa de tres años que permitía que Albania obtuviera apoyo financiero mientras ponía en orden su situación fiscal. Este programa terminó con éxito hace casi dos años, y la proporción deuda-PBI mantiene una tendencia a la baja. Este año, declinará al 2,5% del PBI, mientras el país expande de manera significativa su presupuesto de inversiones públicas.

Para poder crecer en medio de una consolidación fiscal, se precisa otro factor que impulse la economía. En Albania –donde he estado a la cabeza de una investigación que realiza Harvard–, las exportaciones están aumentando gracias a un incansable esfuerzo por remover los cuellos de botella y aprovechar las oportunidades.

En este proceso, Albania evitó la tentación de enfocarse en los indicadores generales de Doing Business, los cuales suponen que seguir de manera aleatoria las mejores prácticas internacionales puede resultar de provecho. En su lugar, para priorizar sus políticas las autoridades siguieron un enfoque diagnosticador. Bajo la guía de Matt Andrews del Harvard Kennedy School, los responsables de formular políticas emplearon una estrategia de implementación que se basa en un proceso iterativo centrado en la solución de problemas.

Esto condujo a muchas ideas que resultaron ser decisivas. En agricultura, el desarrollo del modelo agregador ayudó a los pequeños agricultores a conectarse con tecnologías mejores y mercados más lucrativos, lo cual se tradujo en un auge de las exportaciones de vegetales.

De modo similar, en el sector manufacturero y en el turismo grupos consultivos identificaron ámbitos que podían mejorar. Albania ha invertido en la recuperación de sus ciudades históricas, y en la actualidad está invirtiendo en 100 aldeas con un fuerte potencial en agroturismo.

Todavía más: el país está utilizando a sus embajadores en una estrategia para promover la inversión extranjera mediante un acercamiento directo a las empresas.

Las lecciones para otros países son claras. El éxito, a la hora de enfrentar obstáculos, se produce cuando los gobiernos están conscientes de sus dificultades y de sus debilidades, y son capaces de articular objetivos y hacerlos propios, y buscan formas de lograr sus aspiraciones. El sistema de asistencia financiera internacional liderado por el FMI y las instituciones de financiamiento para el desarrollo pueden ser de gran ayuda. Sin embargo, son los países los que tienen que descubrir cuándo acudir a dichas instituciones y cuál es la mejor manera de utilizarlas.

Durante gran parte de su historia, Albania pareció ser un país sin esperanzas. Sin embargo, la desesperanza no es independiente de la acción. Hoy día, el vuelco de Albania constituye una fuente de esperanza para los demás.

-Glosado-

Traducción de Ana María Velasco.

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