Enrique Bonilla Di Tolla

La breve alcaldía de ha decidido dejar una profunda huella y ha puesto sobre la mesa la primera idea de ciudad que un burgomaestre limeño desarrolla en mucho tiempo: realizar una nueva demarcación política de la megalópolis limeña –lo de metrópolis hace rato que ya fue– y convertirla en cinco distritos al mando de una Alcaldía Mayor. Lo que busca es estructurar la ciudad a partir de unidades de planificación, agrupando distritos cercanos, y ganar eficiencia en la gestión de la urbe.

Si bien es cierto que varias de estas ideas están esbozadas en los planes urbanos de , creo que el hecho de que la ciudad esté dirigida ahora por un urbanista le da a la propuesta el suficiente peso político que no ha tenido en las recientes gestiones municipales. Desde la época del alcalde Eduardo Orrego Villacorta –quien, como decano del Colegio de Arquitectos del Perú, organizó el Foro Lima 2000, el cual orientó mucho su gestión a principios de los años 80 del siglo pasado–, no se ponía sobre el tapete el tema de la planificación como un aspecto central. Es más, en los últimos 30 años, la comuna limeña no ha logrado aprobar ningún plan urbano.

El buen uso del espacio; es decir, del territorio, es uno de los pilares de la planificación. El otro es acomodar a la población dentro de ese territorio. Construir sobre estos dos pilares una gestión eficiente que garantice el óptimo desarrollo de la vida humana debe ser el objetivo de todo plan urbano que se respete. Para ello, la comuna limeña ha preparado un plan urbano que en estos días está en proceso de consulta, el cual sustentaría esta propuesta de las cinco Limas y –teóricamente– dejaría de lado esas unidades políticas creadas artificiosamente que son nuestros actuales distritos, que en su mayoría son producto de la desmembración de otros, lo que ha producido una ciudad fragmentada como Lima. Como era de esperarse, el Congreso de la República –que es el lugar donde se ha gestado históricamente la creación de distritos– ha recibido la propuesta con cortesía, pero sin mucho entusiasmo, por lo que seguramente el asunto quedará en nada.

Hace mucho que insistimos en que nuestra ciudad debería tener como modelo de base el de ser una ciudad compacta; es decir, densificarse más que expandirse y crecer sobre la base de la estructura urbana existente. Esto permitiría, entre otras cosas, ganar eficiencia en lo que respecta al transporte.

Por otro lado, Lima debe ser una urbe policéntrica; esto es, con muchos centros urbanos con el equipamiento y servicios públicos a nivel comercial, de educación y recreación, suficientemente cercanos a la población, que atenúen los desplazamientos que hoy los limeños hacemos. Lo ideal sería tener una ciudad de los 15 minutos; es decir, que, en un espacio breve de tiempo, una persona pueda moverse dentro de lo que sería una ciudad pequeña. Un conjunto de ciudades pequeñas y articuladas entre ellas debe ser el modelo que los planes sigan, y parece que es la idea que la actual gestión pretende o debería pretender hacer.

Opino que el limitado tiempo que tiene esta gestión no permitirá sino dejar sembrada la idea, aunque intenta dejar listo un plan que sustente esta propuesta y que ha realizado “a paso de polka”, y que debería ser discutido con mayor detenimiento. No sé si serán cinco o más las Limas que se necesiten organizar. Lo que está claro es que tampoco pueden ser 43; son demasiadas.

Enrique Bonilla Di Tolla es director de la carrera de Arquitectura en la Universidad de Lima