“Algunos críticos de la decisión del presidente estadounidense Joe Biden de retirarse de Afganistán argumentan que la medida envalentonará a China porque transmite una falta de voluntad que Pekín tendrá en cuenta al decidir si atacar Taiwán”. (Foto: AP).
“Algunos críticos de la decisión del presidente estadounidense Joe Biden de retirarse de Afganistán argumentan que la medida envalentonará a China porque transmite una falta de voluntad que Pekín tendrá en cuenta al decidir si atacar Taiwán”. (Foto: AP).
Oriana Skylar  Mastro

Instituto Freeman Spogli de Estudios Internacionales de la Universidad de Stanford. Columna especial de "The New York Times"

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Hay muchas razones para temer un inminente ataque de contra , pero, a pesar de lo que sugiere la reciente discusión en los círculos militares y de política exterior, de no es una de ellas.

Algunos críticos de la decisión del presidente estadounidense de retirarse de Afganistán argumentan que la medida envalentonará a Pekín porque transmite debilidad; una falta de voluntad que China tendrá en cuenta al decidir si atacar Taiwán, que considera .

Sin embargo, la realidad es que la salida estadounidense de Afganistán probablemente les dará una pausa a los planificadores de guerra chinos. El objetivo del Partido Comunista Chino es recuperar la posición del país como gran potencia. Sus líderes y pensadores han estudiado el ascenso y la caída de grandes potencias en el pasado. Desde hace mucho, han entendido que la contención por parte de Estados Unidos podría evitar que consigan su objetivo.

Afortunadamente para Pekín, la Guerra de Afganistán y otras en Oriente Medio distrajeron a Washington durante dos décadas. Mientras China construía carreteras y puertos desde Pekín hasta Italia, Estados Unidos gastaba en su guerra contra el terrorismo.

En muchos sentidos, fue pura suerte que Xi Jinping y sus predecesores pudieran construir el poder nacional de China, socavar las normas internacionales, cooptar organizaciones internacionales y extender su control territorial sin que Estados Unidos pudiese frustrar sus planes.

Pero el final de la Guerra de Afganistán podría traer estos buenos tiempos –que el Partido Comunista llama “el período de importantes oportunidades estratégicas”– a su fin. La retirada de Afganistán demuestra que Biden está reorientando sus prioridades de seguridad nacional. El demócrata incluso mencionó la necesidad de “centrarse en apuntalar las fortalezas centrales de Estados Unidos para hacer frente a ”.

Tal cambio de enfoque, sin embargo, llega un poco tarde. La expansión y militarización de Pekín en el Mar de la China Meridional, sus escaramuzas mortales con India, y y muestran a una China cada vez más confiada y agresiva.

Por otro lado, la política estadounidense hacia Taiwán es de una “ambigüedad estratégica”; es decir, no hay una promesa explícita para defenderla frente a un ataque chino. En la superficie, podría parecer que la retirada de Estados Unidos de Afganistán es algo bueno para las perspectivas de China. Sin embargo, esta decisión crea preocupaciones de seguridad en el patio trasero de China, pues ya no habrá una presencia de seguridad confiable en Afganistán, lo que llevará a una inestabilidad más amplia en una región con importantes intereses para Pekín. A los líderes chinos también les preocupa que el conflicto en Afganistán pueda extenderse a través de la frontera que ambos comparten.

Por otro lado, Taiwán, con su economía y con su industria de semiconductores proporcionalmente grandes, es estratégicamente importante para Estados Unidos. El poder y la influencia estadounidense en el este de Asia dependen de sus aliados y de sus bases militares en la región. Si Taiwán cayese ante una agresión china, muchos países, incluidos los aliados estadounidenses, lo verían como una señal de la llegada de un orden mundial chino. En comparación, Afganistán era menos importante desde el punto de vista estratégico.

Los líderes chinos ya esperaban una relación tensa con la administración Biden. Ahora, además, se enfrentarán al hecho de que Estados Unidos podría tener la voluntad y los recursos para rechazar una agresión china en Taiwán. Entonces, si bien puede haber razones para oponerse al final de la Guerra en Afganistán, el impacto en los cálculos de China respecto de Taiwán no es, ni debería ser, una de ellas.


–Glosado, editado y traducido–

© The New York Times