"Las especies propias de nuestras ciudades como la cuculí, acostumbradas a comer semillas, frutos, o alimentos de la naturaleza, no se verán afectadas".(Hugo Curotto / GEC)
"Las especies propias de nuestras ciudades como la cuculí, acostumbradas a comer semillas, frutos, o alimentos de la naturaleza, no se verán afectadas".(Hugo Curotto / GEC)

Últimamente hemos recibido noticias de fenómenos raramente vistos o de eventos que nos dan una idea de qué pasa cuando el hombre desaparece de las y ambientes urbanos.

Una persona solitaria es perseguida por centenas de palomas domésticas –usualmente alimentadas por turistas– mientras camina por una plaza en Madrid. Estas especies no nativas, que incluyen a las ratas citadinas, perros y gatos callejeros, serían las siguientes víctimas de nuestra ausencia. Las palomas en las plazas, como en la de Arequipa, deben estar pasándola mal. Curiosamente, las especies propias de nuestras ciudades como la cuculí, acostumbradas a comer semillas, frutos, o alimentos de la , no se verán afectadas.

En las playas y balnearios de Lima se reporta un número raramente visto de aves: nubes de diferentes tipos de gaviotas, pelícanos, zarcillos y cormoranes, entre otras. ¡Las aves tomaron las playas!

Este hecho observado en los medios se explica por una combinación de razones. Primero porque es la temporada de migración de varias de esas aves en su ruta a Norte América para anidar; y segundo porque no hay gente en las orillas para espantarlas, aunque quizá también haya influido algún fenómeno de varazón. Lo cierto es que, sin gente en las playas de arena –y en particular donde estas escasean– ellas quedan a la merced de las aves.

No sorprenda que prontamente se empiecen a ver más merodeando por nuestras calles; sean zorros en varias partes de la ciudad de Lima como La Molina, jaguares en Puerto Maldonado, o inclusive pumas, como se ha reportado en Santiago de Chile.

Muchos han expresado su temor al silencio que se vive en las ciudades. Aunque a algunos les asusta, tal ausencia es solo de los ruidos molestos, motores bulliciosos, bocinas de autos y aviones pasando. Sin embargo, han aumentado los sonidos agradables: los de los cantos de las aves, las olas y del murmullo de los ríos.

Finalmente, y quizá lo mas importante, han sido las imágenes de las grandes urbes, incluyendo a Lima, con cielos claros, libres de la contaminación resultante de los vehículos motorizados. Las imágenes satelitales muestran cómo esa nube permanente ha desaparecido de las ciudades en pocos días. Naturalmente, esto hace al aire urbano más saludable además de agradable.

¿Se está ‘reseteando’ la naturaleza urbana? Imaginando un escenario al estilo Saramago, pronto los parques dejarían de ser mantenidos y la vegetación crecería sin control en todos los espacios. Las calles serían los territorios de animales silvestres y callejeros. El cielo limpio estaría adornado por los cantos de las aves que disfrutarían de su nueva ciudad. Más que una ciudad de gallinazos, Lima sería una ciudad de cuculíes, petirrojos y picaflores. Por supuesto, todos sabemos que el momento que vivimos es pasajero, pero igualmente estos días nos muestran cómo cambia el escenario natural urbano en nuestra ausencia.

Como ya varios lo han señalado, es importante resaltar que la pandemia que estamos viviendo es el resultado de esa falta de relación respetuosa y de entendimiento con la naturaleza. Maltratamos a los ambientes y bosques que nos dan los servicios ambientales que pocos aprecian. Pero peor aun, creamos los escenarios propicios para las enfermedades: la basura en las calles, los desagües que terminan en el mar o en los ríos, las aguas empozadas malolientes, los mercados insalubres con animales maltratados, calles contaminadas con humo y ruido. Esos ambientes son comunes para la mayoría de peruanos; eso es lo que debemos ‘resetear’.

Respiremos hondo, abramos los ojos, y por un momento apreciemos lo que no nos hemos acostumbrado a ver. No debería ser necesario pasar por unapara darnos cuenta.

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