Los retos de la izquierda, por Sergio Tejada
Los retos de la izquierda, por Sergio Tejada

Mientras escribo, los avances del conteo de la ONPE dan como ganador a Pedro Pablo Kuczynski y no hay duda de que será el próximo presidente del Perú. Nuevamente hemos vivido una intensa confrontación entre fujimorismo y antifujimorismo. 

En la articulación y crecimiento de este último, fue fundamental el rol de la izquierda. Se constituyó un gran frente democrático que, si bien agrupó a políticos, artistas, líderes de opinión y ciudadanos de diferentes tendencias, tuvo como eje a la coordinadora Keiko No Va, liderada por jóvenes de izquierda, y se potenció con el apoyo de figuras como Mónica Sánchez, Julio Arbizu y la ex candidata presidencial Verónika Mendoza.

Mendoza ha señalado que no existe ninguna alianza con PPK y que el Frente Amplio será desde ya oposición. Es cierto, ninguna de las agrupaciones de izquierda que llamó a votar por PPK y a defender el voto ha firmado algún acuerdo o establecido alguna alianza con Peruanos por el Kambio. El mensaje fue claro: votamos por PPK en la medida en que lidere la defensa de la democracia, pues no queremos reivindicar a una dictadura corrupta, ni queremos este fujimorismo que en nada ha cambiado y mantenía prácticas montesinistas y peligrosos vínculos con el narcotráfico. Ahora que el fujimorismo ha sido derrotado (nuevamente), ¿qué papel debería tener la izquierda frente al nuevo gobierno?

Hay que considerar que la izquierda organizada en partidos está en proceso de recomposición. Ha mostrado en esta elección su mejor desempeño desde la crisis de Izquierda Unida hacia finales de los años 80, pero no ha logrado captar todo el voto de ese espacio que podemos llamar una “izquierda social” –o “nacional popular”, para usar una expresión de Gramsci– que abarca desde el pueblo antisistema hasta los sectores progresistas que quieren ajustes al modelo económico o la ampliación de derechos y libertades. Ese espacio fue el que le dio a Ollanta Humala alrededor de un tercio de la votación en las elecciones del 2006 y el 2011. 

Ya que la izquierda no logró representar a este amplio espacio, la disputa en la segunda vuelta fue entre dos defensores del modelo económico. Dada la actual correlación en el Parlamento, es muy poco lo que podrá hacer la izquierda en cuanto al manejo de la economía, lo que no implica, por supuesto, renunciar a la crítica ni a la formulación de alternativas. Pero, dentro y fuera del Parlamento, debe cumplir un rol de defensa de los derechos ciudadanos y evitar todo intento de imponer medidas en contra del pueblo y de los intereses nacionales. Por otro lado, hay compromisos que PPK ha firmado con diversos gremios (como el Sutep y la CGTP), cuyo cumplimiento debe ser impulsado por la izquierda. 

Pero debemos tener claridad en que PPK no es nuestro principal adversario. Este es –y será– el fujimorismo. Un gobierno extremadamente débil solo favorece al fujimorismo. Si PPK opta por el camino más fácil y decide aliarse con sus rivales de la segunda vuelta, tendrá, sin duda, una oposición en las calles que va a ir mucho más allá de la izquierda. 
Pero mientras esto no ocurra, no hay razón para que la izquierda haga eco de las campañas de demolición a las que nos tiene acostumbrados el fujimorismo. Si queremos ser una alternativa electoral a futuro, la tarea principal es disputarle al fujimorismo su base social y articular el antifujimorismo. Esto implica recorrer el país con información, pedagogía, organización y propuestas. El Perú profundo sigue esperando una organización política y un liderazgo que represente sus anhelos de cambio.