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Mucho ruido y poca plata, por Enrique Castellanos

"Querer arreglar el sistema previsional antes que otros problemas mayores es poner la carreta delante de los caballos".

Enrique Castellanos Profesor de la Facultad de Economía de la Universidad del Pacífico

Mucho ruido y poca plata, por Enrique Castellanos

Mucho ruido y poca plata, por Enrique Castellanos

Señor jubilado, ¿prefiere usted los 100.000 soles de su fondo al contado o 600 soles mensuales de por vida? Diría que todos preferimos la plata hoy, máxime cuando en el Perú nadie sabe qué pasará en cinco años y menos en veinte. 

La pregunta anterior es el problema central del sistema previsional. Somos un país pobre, con ciudadanos que ganamos poco, ahorramos poco y, por lo tanto, no tenemos suficientes reservas para nuestra vejez. El problema son los 100 mil, no los 600 al mes.

Días atrás, la señora Bachelet anunció reformas en las AFP chilenas. Desafortunadamente, ninguna de las normas propuestas producirá un cambio sustantivo en sus pensiones en el mediano plazo. Por consiguiente, dado que el sistema peruano es calco del chileno, si aplicáramos esas reformas, tampoco significarían un aumento importante en nuestras pensiones. Obligar a las empresas a aportar, hacer más transparentes y justas las comisiones, homologar por género la tabla de mortandad, formar una AFP estatal, entre otras medidas, no nos mueve la aguja y generan efectos colaterales nocivos. Menciono un par: ¿queremos formalizar la economía pero generamos más costos a las empresas que formalmente contratan trabajadores? ¿Acaso una AFP estatal no es volver al pasado? El problema persistirá: la población seguirá descontenta con sus pensiones. 

Empeorando todo, la coyuntura económica sigue jugando en contra de las pensiones no solo en el Perú o Chile, sino también en todo el mundo. En primer lugar, la gente es más longeva. A más años, menos pensión mensual. Segundo, las tasas de interés mundiales son las más bajas de los últimos 70 años. Con bajos intereses, bajas serán las rentas vitalicias que ofrecen las aseguradoras. Adicionalmente, en el Perú y Chile, el ingreso personal creció significativamente en los últimos años, lo cual genera que lo aportado hace 20 años sean montos pequeños comparados con los sueldos actuales. Es decir, nuestro fondo no es grande porque nuestros sueldos promedios nunca lo han sido. Cuarto, las AFP peruanas nacen en 1993, por lo tanto, los jubilados de hoy han aportado solo 23 años en lugar de 40 (vida laboral promedio). 

Sumen los factores anteriores con todas las fallas de origen del sistema y obtenemos pensiones resultantes que ponen iracundo a cualquiera. 

¿Qué hacer? Dos ideas. Primero, implementaría un sistema de pensión mínima universal. Pero ¡ojo!, esto nos va a costar a todos. Solo como referencia, hoy de cada 100 soles que pagamos en impuestos, diez se van a pagar las pensiones de los empleados públicos. Este es el hueco que nos dejaron los gobiernos anteriores.

Segundo, haría competir a las AFP peruanas con las extranjeras. Dados ciertos criterios de calidad, un empleado podría escoger dónde aportar, si dentro o fuera del Perú. Creo que es la única forma de controlar que las AFP ajusten sus comisiones a estándares internacionales.   

Pero siendo sincero, los peruanos seguiremos siendo pobres en el mediano plazo. Nada de lo que hagamos subirá la pensión de manera sustantiva al jubilado con un fondo de 100.000 soles. Si implementamos las reformas chilenas en el Perú, estimo que una pensión de 600 soles subiría a 650. Tratar de arreglar el sistema previsional antes de arreglar el problema de seguridad, institucionalidad, informalidad, educación, etc., es poner la carreta delante de los caballos. Estamos administrando pobreza en lugar de enfocarnos en crecer y desarrollarnos. Una vez hecho esto, las pensiones serán un tema poco importante. 

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