Donald Trump y Joe Biden se disputan las elecciones estadounidenses el 3 de noviembre.
Donald Trump y Joe Biden se disputan las elecciones estadounidenses el 3 de noviembre.
Tim Wu

Profesor de Derecho de la Universidad de Columbia. Columna especial para "The New York Times".

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Ponte en la piel de los líderes rusos o iraníes por un momento. ¿Por qué no interferir en las elecciones de EE.UU.?

Cuando se trata de la intromisión extranjera en las elecciones, la desinformación es una seria amenaza, pero la forma más disruptiva es la ciberinterferencia: el congelamiento de los sistemas de votación, la alteración del conteo de votos, etc. El riesgo no es hipotético. Las agencias de inteligencia estadounidenses informan que Rusia se infiltró recientemente en algunos sistemas de votación.

y el presidente deberían amenazar con castigar con represalias si otra nación intenta tales formas de interferencia. Deben subrayar que por “injerencia” se refieren a ataques directos a las elecciones.

La disuasión es un componente estándar de la estrategia militar y la política exterior. Es establecer claramente qué acción está prohibida y comprometerse a aplicar un castigo si se toma la acción.

Pero a pesar del peligro de interferencia electoral, EE.UU. no ha tomado estas medidas, al menos no en público. Es cierto que Biden advirtió que, si se convertía en presidente, Rusia pagaría un “precio económico” por cualquier inferencia, pero esa modesta amenaza probablemente no cambió el cálculo en Moscú.

En cambio, EE.UU. se basa en una estrategia diferente: atacar a los atacantes. En las últimas semanas, por ejemplo, el Comando Cibernético del país y un grupo de empresas, incluida Microsoft, tomaron medidas para interrumpir Trickbot, una red de computadoras conectadas en secreto que podrían haberse utilizado para atacar nuestros sistemas electorales.

Esto es una buena estrategia. Pero es probable que nuestros enemigos sigan atacando. El objetivo de la disuasión, por el contrario, es hacer que Rusia e Irán se lo piensen dos veces antes de siquiera intentarlo. Necesitamos seguir ambas estrategias en paralelo.

Si las elecciones estadounidenses son atacadas y las agencias de inteligencia identifican al perpetrador, nuestro liderazgo debe estar preparado para cumplir con nuestra amenaza.

En un mundo ideal, Biden y el presidente amenazarían en conjunto con represalias. Sin embargo, Trump no ha mostrado una gran preocupación. Le corresponde a Biden emitir una amenaza que sea más clara.

Tal advertencia podría ser tardía. También podría darse el caso de que los piratas informáticos rusos e iraníes estén sobrevalorados o sean más cautelosos de lo que pensamos y el riesgo sea pequeño. También debe admitirse que una estrategia de disuasión invitaría a contrarrestar represalias. Las cosas podrían empeorar. Pero en este momento no hay una línea en la arena: ninguna advertencia pública contra cualquier esfuerzo por desestabilizar a EE.UU. a través de la interferencia electoral.

–Glosado y editado–

© The New York Times

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