Una segunda oportunidad sobre la tierra, por Clara E. Ospina
Una segunda oportunidad sobre la tierra, por Clara E. Ospina
Clara Elvira Ospina

Colombia decide hoy mucho más que su futuro. Decide si entra en el camino de la civilización, ese que permite resolver las diferencias por la vía de la democracia, o si se mantiene en la ruta de la barbarie, la que pretende que el remedio para la violencia sea la violencia, que el camino sea exterminar al enemigo.  

Durante 52 años, las FARC intentaron tomarse el poder por las armas y no lo lograron. En ese mismo tiempo, el Estado intentó derrotarlas por las armas y no lo logró. Nadie ganó. Perdieron los 6 millones de desplazados, los 27 mil secuestrados, las 50 mil familias que no saben dónde están sus seres queridos, las 267 mil personas muertas en combate o en el fuego cruzado. Perdimos todos los colombianos que vimos tanto dolor y ni un solo día de sosiego. 

La de hoy en las urnas no es una elección de gobierno, sino una decisión de vida. Hoy, por convicción ética, votaré SÍ en el plebiscito para ratificar el acuerdo de paz logrado entre el gobierno de Juan Manuel Santos y las FARC. Porque quiero que se acabe el derramamiento de sangre, porque sé que muchísimos guerrilleros fueron alguna vez campesinos sin una alternativa distinta, porque estoy convencida de que los militares que han gastado su juventud metidos en la selva, en la guerra, también merecían otra forma de vida. 

Votaré SÍ porque los recursos que se han gastado en la guerra son más onerosos que lo que le costará a Colombia hacer las reformas para un país mejor y apoyar económicamente a los desmovilizados para iniciar una nueva vida. El gasto militar colombiano fue de 8,76 billones de pesos cada año, según una investigación de Diego Otero citada por León Valencia, y el costo de la paz, las reformas, la reparación a las víctimas y el nuevo impulso al campo, será apenas la tercera parte: 2,53 billones de pesos, según ha calculado la senadora e investigadora Claudia López, también citada por Valencia. Por eso voto SÍ, porque quiero que la plata que se gasta en tanques y bombas se invierta en escuelas y en libros, porque quiero que quienes perdieron sus tierras por culpa de la guerra puedan regresar y sembrar el campo con semillas y no con su sangre. 

Voto SÍ porque entiendo que la paz se hace con enemigos. Voto SÍ porque no me gustan las FARC y no quiero que sigan activas, matando, extorsionando, traficando. Voto SÍ porque me conmovió esto que les dijo un teniente activo del ejército a quienes quieren que continúe la confrontación militar: “Decirles a los que hablan de la guerra, la promocionan y la justifican, que no tienen idea de lo que es porque nunca han tomado un fusil, porque jamás han tenido que sacrificar a uno para salvar a muchos”.

Voto SÍ porque desde que empezó el cese del fuego en desarrollo de los acercamientos de paz se evitaron 2.500 muertes. Voto SÍ porque por primera vez en 52 años las FARC han reconocido sus crímenes. Rodrigo Londoño, ‘Timochenko’, lo hizo ante el mundo el día de la firma del acuerdo en Cartagena, los jefes de las FARC en el Pacífico pidieron perdón a los familiares de los 11 diputados del Valle secuestrados y luego asesinados, Iván Márquez pidió perdón a las familias de las 76 personas que murieron a causa de un cilindro-bomba cuando se refugiaban en la iglesia de Bojayá, Chocó.  

Voto SÍ porque quiero ver a los guerrilleros buscando por la vía de las urnas lo que no consiguieron por las armas, y porque tengo la certeza de que en el escenario de la política el relativo poder que lograron por la violencia quedará reducido a mínimos; para ser más precisa, estoy segura de que no habrá una euforia electoral alrededor de la propuesta del nuevo partido que fundarán las FARC, porque los colombianos tenemos capacidad para perdonar, pero también tenemos buena memoria. 

Parece interminable la lista de nombres de grupos insurgentes y paramilitares que ha tenido Colombia: Ejército Popular de Liberación, EPL; Movimiento Armado Quintín Lame; Movimiento 19 de Abril, M-19; Ejército Revolucionario del Pueblo, ERP; Corriente de Renovación Socialista, CRS; Ejército Revolucionario Guevarista, ERG; Autodefensas del Magdalena Medio; Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá; Autodefensas Unidas de Colombia, AUC; las FARC, y el Ejército de Liberación Nacional, ELN, que estaría a punto de iniciar un proceso de desmovilización y dejación de sus armas. Casi todos surgidos del abandono del Estado, de la exclusión social y política, financiados con dineros producto del crimen y sustentados en una ideología violentista. Ya es tiempo de acabar con ese círculo vicioso de dolor. 

Las razones de quienes se oponen al acuerdo pasan por odios políticos y devaneos guerreristas y se alimentan de engaños e información fragmentaria y abiertamente falsa. 

Hoy voto SÍ porque quiero que, como reclamaba García Márquez en “Cien años de soledad”, Colombia, mi país, el de mis padres y el de mi hijo, tenga una segunda oportunidad sobre la tierra. 

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