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Decisiones, por Carlos J. Zelada

“Para el Reniec, no cabe que estas mismas personas, que son cónyuges en el extranjero, lo sean también en su propia patria”.

Carlos J. Zelada Jefe del Departamento Académico de la Universidad del Pacífico

El matrimonio gay comenzará a regir en Costa Rica en mayo de 2020

 “No existe motivo objetivo que justifique que solo un tipo de matrimonio civil celebrado en el extranjero sea aceptado por el Reniec”. (Foto: AFP).

Imagine por un momento que usted, que vive en un país vecino, conoce a otro peruano y deciden juntos formalizar allí su proyecto de vida. Acuden ante las autoridades locales y se convierten en esposos. Luego de un tiempo, deciden volver al Perú con la constancia matrimonial del lugar donde se casaron y se presentan ante el Reniec solicitando el reconocimiento de dicha unión en sus registros. Es decir, que la S (soltero) sea una C (casado) en sus DNI.

Si tuvo la fortuna de que su matrimonio civil allá fue uno heterosexual, el Reniec no le hará mayores problemas. Total, ¿cómo podría dejar de estar casado por el solo hecho de regresar a vivir a su país? Las dificultades comienzan cuando quienes presentan la misma solicitud son dos hombres o dos mujeres.

A lo largo de estos años, el Reniec ha forzado a las parejas homosexuales peruanas casadas en el extranjero a escoger entre dos inexistencias: o vivir solteros –pero juntos– el resto de sus vidas en el Perú o, de lo contrario, migrar adonde su proyecto de vida tenga pleno reconocimiento. Para el Reniec, no cabe que estas mismas personas, que son cónyuges en el extranjero, lo sean también en su propia patria.

Hace algunos años, Óscar Ugarteche presentó una demanda de amparo cuestionando la negativa del Reniec a inscribir su matrimonio celebrado en México. Lo mismo hizo la hoy funcionaria pública Susel Paredes después de casarse en Estados Unidos. Algo que resulta interesante es que, en ambos casos, la primera instancia judicial dijo que Óscar y Susel tenían razón. La sentencia del Caso Paredes, que se publicó este jueves, presenta un argumento jurídico muy convincente: no existe motivo objetivo que justifique que solo un tipo de matrimonio civil celebrado en el extranjero sea aceptado por el Reniec. O dicho de otro modo, que el Reniec discrimina cuando su razón para oponerse a inscribir tal matrimonio sea la orientación sexual de las contrayentes.

Sé que algunos podrán decir que nuestro Código Civil dispone que el matrimonio es entre un hombre y una mujer. Y eso es cierto, pero la sentencia de primera instancia da tres buenas razones para contrastar dicha lectura. La primera es que la Constitución, que es nuestra norma suprema, contiene un principio que prohíbe discriminar a las personas por su orientación sexual y que está por encima de toda disposición de inferior rango, como el Código Civil. Si un juez encuentra una norma contradictoria con el estándar constitucional, siempre deberá preferir lo segundo. La segunda es que el matrimonio es una institución dinámica, lo que significa que su regulación debe adaptarse siempre a las realidades que antes le eran invisibles. Finalmente, la sentencia señala que la Corte Interamericana ha dispuesto (en la Opinión Consultiva OC-24/17) que hoy, para cumplir con sus obligaciones en derechos humanos, los estados deben permitir los matrimonios igualitarios: toda política matrimonial contraria resulta discriminatoria y, por ende, jurídicamente inaceptable.

El Caso Ugarteche está a punto de resolverse en el Tribunal Constitucional. ¿Sabe por qué llegó hasta allí? El Reniec apeló la decisión de primera instancia que le daba la razón a Óscar. Esto ha llevado a que el proceso de reconocimiento de su boda y por ende, la discriminación que lo exilia por amar distinto, se prolongue por casi una década. En ciertos círculos es conocido que la Procuraduría del Reniec apela en automático todo proceso judicial donde inicialmente “no se le dé la razón” como una cuestión de política interna. Una actitud francamente absurda si hoy los argumentos del Derecho, y qué digo, de la empatía más mínima, son tan claros a favor del matrimonio igualitario.

¿Apelar por apelar? Nada obliga al Reniec a hacerlo en el Caso Paredes. Ni Susel, casada desde el 2016, ni ninguna otra persona merecen un trato que impida que su proyecto de vida, que a nadie más afecta ni incumbe, se postergue por una terquedad institucional. Más tarde que temprano, Óscar ganará su caso. Susel también. Ojalá que, esta vez, el Reniec decida bien y no la haga más larga.

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