Módulos Temas Día
Módulos Tomas de Canal

Trump, Johnson y el agujero en la dona; por Roger Cohen

“[Trump y Johnson] Son dos charlatanes y narcisistas con nociones poco claras de la verdad, absolutamente sin principios, con tendencia a los insultos racistas, practicantes expertos de la política del espectáculo, manipuladores del miedo”.

Roger Cohen Periodista

ada

"La rosquilla de Trump no solo tiene un gran agujero; está podrido hasta la médula". (Foto: El Comercio)

Durante la Guerra de Vietnam, el embajador de Estados Unidos en Saigón, Frederick Nolting Jr., indignado por la cobertura negativa, preguntó al periodista francés François Sully: “¿por qué, monsieur Sully, siempre ve el agujero en la dona?”.

“Porque, monsieur l’Ambassadeur –respondió Sully–, hay un agujero en la dona”.

Hablando de donas, Boris Johnson podría convertirse en el primer ministro británico este mes. Estados Unidos y Gran Bretaña serían liderados por hombres con similitudes sorprendentes, y no me refiero solo al cabello: son dos charlatanes y narcisistas con nociones poco claras de la verdad, absolutamente sin principios, con tendencia a los insultos racistas, practicantes expertos de la política del espectáculo, manipuladores del miedo, traficantes nacionalistas en un pasado imaginario de grandeza radiante, fabulistas de gloria renacida, con agujeros gigantes en sus centros donde la conciencia y la integridad desaparecieron.

¡Tanto para el liderazgo del mundo libre!

Si se sale con la suya, Johnson estará en nuestras caras, como su amigo el presidente Donald Trump. Los conservadores se han convertido en un partido de un solo problema –‘brexit’– al igual que los republicanos se han convertido en un partido de un solo hombre –Trump–. Cada uno ha mostrado tener la columna vertebral de una medusa.

Johnson, si es elegido por conservadores, presentará su versión de “fenomenal” e “increíble” de Trump. Se empeñará en sacar a Gran Bretaña de la Unión Europea para la última fecha límite, el 31 de octubre –y esperará las consecuencias–.

Esto es nefasto. La actitud más peligrosa hacia la verdad es el desprecio por su importancia. El uso más peligroso del lenguaje es uno que lo despoja de significado. El enfoque más peligroso del pasado es el intento de mitologizarlo. A Trump y Johnson no les importa.

¿Cómo pasó esto? ¿Cómo llegaron dos naciones de leyes dedicadas a la libertad individual a la semiótica de Trump: está bien estafar a las personas; está bien mentir; está bien guiñar el ojo al racismo?

La respuesta está en la inequidad, impunidad, invisibilidad, inmigración, inversión e Internet.

La desigualdad ha aumentado debido a que el 60% de trabajadores estadounidenses no ha visto un aumento real de salarios desde 1980, mientras que el 1% de la población ahora posee más riqueza que el 90%.

La impunidad que permitió que los diseñadores de las armas financieras de destrucción masiva que llevaron a la bancarrota a muchos millones de personas en el 2008 se marcharan. Llegar a la conclusión que el sistema estaba manipulado era, pues, lógico.

La invisibilidad que dio a muchos ciudadanos que viven lejos de las metrópolis la impresión de que no contaban con nada, ya que sus hospitales murieron, el transporte público desapareció, sus escuelas se cerraron y sus trabajos se fueron a otra parte.

La inmigración que, tanto en Europa como en Estados Unidos, llevó a millones de migrantes indocumentados a las fronteras sin que estas sociedades mostraran la capacidad de ponerse de acuerdo sobre una política humana, firme y clara, y, en el caso estadounidense, que reconciliara las demandas de una nación de inmigrantes y una nación de leyes.

La inversión de los valores de lo que habían sido sociedades dominadas por hombres blancos, dando lugar a guerras culturales que abarcan las cuestiones más importantes de raza, género e identidad.

El Internet que, a través de las redes sociales, destruyó a los mediadores tradicionales de la sociedad, como los partidos políticos establecidos y la política empoderada de la multitud. Lo que cuenta hoy no es la persuasión, sino la movilización.

Aquí estaba el grano para el populismo de Trump y el de sus acólitos en todo el oeste. Aquí estaban las fuentes de ira y miedo que podrían ser explotadas. Aquí está “la carnicería estadounidense” que él podría aprovechar. He aquí por qué, en nombre del nacionalismo, se dedicó a destruir el orden multilateral de posguerra que Estados Unidos había forjado. El déspota interior de Trump es como el brazo del doctor Strangelove: no puede mantenerlo bajo.

Al igual que Johnson, Trump no es una “aberración”, como lo ha sugerido Joe Biden. Él es un síntoma. No se irá sin tratamiento. Eso no será fácil, pero es factible porque la rosquilla de Trump no solo tiene un gran agujero; está podrido hasta la médula.

–Glosado y editado–
© The New York Times

Leer comentarios ()

SubirIr aúltimas noticiasIr a Somos

Mantente siempre informado y disfruta de cientos de beneficios exclusivos del CLUB EL COMERCIO

¡SÉ PARTE DEL CLUB EL COMERCIO!

SUSCRÍBETE AQUÍ