"La probabilidad de que lo que uno hace sea conocido es aún más alta en el caso de los políticos". (Foto: GEC)
"La probabilidad de que lo que uno hace sea conocido es aún más alta en el caso de los políticos". (Foto: GEC)
Alonso Villarán

Profesor de Ética de la Universidad del Pacífico

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La a la que , siendo presidente, tuvo acceso en secreto ha generado, junto con una crisis política aún en desarrollo, una gran indignación. ¿Hay alguna vacuna contra este otro virus que no hace distinciones y que amenaza con infectar a todos, el virus de la inmoralidad? La respuesta es obvia: la educación. En el Perú, lamentablemente, pasarán años para que esta “vacuna” se ponga en marcha y rinda frutos. El riesgo de infectarnos, entonces, seguirá latente. Pero al igual que con el COVID-19, podemos cuidarnos. Para eso contamos, en ética, con una regla de mucha utilidad: la regla .

Según la regla “New York Times” de la ética, antes de hacer algo que sospechamos es inmoral, debemos preguntarnos: ¿me gustaría que lo que voy a hacer salga publicado en la portada del “New York Times” o, digamos, de El Comercio? La regla funciona como una alarma moral que se enciende si la respuesta es negativa. Obviamente, la mayoría de nosotros no aparecerá en la portada de un diario a menos que hagamos algo bastante malo (o, el destino no lo quiera, que suframos una grave injusticia o tragedia). Es, entonces, un ejercicio imaginativo que nos ayuda a evaluar la moralidad de lo que pretendemos hacer.

La imaginación tiene un rol crucial en la ética. En “La República” de Platón, por ejemplo, encontramos una hipótesis inversa a la de la regla “New York Times”: ¿cómo vivirías si nadie nunca fuese a enterarse de tus acciones? Se trata de la historia de Giges, un pastor que encuentra el anillo de la invisibilidad a través del cual seduce a la esposa del rey, mata a este último y toma su lugar en el reino. El anillo, así, le permite tomar todo lo que deseaba sin el temor de jamás ser descubierto. Giges, sin embargo, habría perdido lo más valioso: su virtud o integridad (según esto, como también enseña Platón, más sufre quien comete una injusticia que quien la sufre).

El anillo de Giges, hasta lo que sabemos, no existe. Lo que sí existen son los diarios y, con ellos, la probabilidad de que lo que hagamos se vuelva noticia. Esta probabilidad es mucho más alta hoy que hace tan solo unos años, cuando ni las redes sociales ni los teléfonos inteligentes existían (por ello, la regla “New York Times” de la ética bien podría rebautizarse como la regla ‘Social Media’ de la misma). La regla, pues, está más vigente que nunca. Esto, claro, sin decir que la regla es solo una regla de conveniencia que apela a nuestro temor o vergüenza. Se trata, más que eso, de una regla que nos hace más fácil reconocer si lo que haremos es incorrecto.

La probabilidad de que lo que uno hace sea conocido es aún más alta en el caso de los políticos. Si lo que hacen es inmoral, eventualmente será noticia. La regla “New York Times” es, por ello, algo que los políticos deberían usar cada día, frente a cada decisión. Esto, claro, si les importa su honor y su libertad. O si el poder no los ha enloquecido, cual poseedores del anillo de Giges. El hecho de que Vizcarra haya ocultado su vacunación (incluso imaginando que fue voluntario), revela que no quería que sea noticia. Y si no lo quería, sabía que lo que hacía no era moral… como acusan las portadas de los diarios de las que es protagonista en estos días.

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