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Venezuela, por Delsa Solórzano

“La ley de amnistía busca otorgar todas las garantías necesarias a los funcionarios que dejen de cumplir las órdenes inconstitucionales de la satrapía madurista”.

Delsa Solórzano Diputada de la Asamblea Nacional de Venezuela*

Tazza

“Somos el país más violento del planeta con un índice de homicidios de 81 por cada 100 mil habitantes”. (Ilustración: Giovanni Tazza)

Hoy mi país atraviesa uno de los momentos más difíciles de su historia. Mi pueblo muere de pobreza en las calles. La falta de comida y de medicinas es cada vez mayor. Hay quienes decidieron escapar de esta tragedia, sustituyéndola por otra: la de huir atravesando nuestras fronteras, caminando días y noches para dirigirse a destinos desconocidos, donde con su trabajo puedan comer y enviar algo de dinero para que la familia que queda aquí también pueda hacerlo.

Nosotros no somos una nación de emigrantes, a nosotros nos gusta estar aquí, recibir gente, abrirles los brazos. Latinoamericanos, europeos, asiáticos y gente de todas las latitudes fueron siempre bienvenidos en Venezuela. Sin embargo, hoy nuestra realidad es diferente: la gente escapa del hambre.

Pero esto no es lo único que nos ocurre hoy. Somos el país más violento del planeta con un índice de homicidios de 81 por cada 100 mil habitantes. Las horas de trabajo son cada vez más cortas, porque la inseguridad nos obliga a abandonar las calles antes de que se ponga el sol. No hay acceso a la tenencia de documentos de identidad con facilidad y ni hablar de la falta casi absoluta del transporte público. La gente viaja en unos vehículos denominados “perreras”, unos camiones de carga sin asientos, sin ningún tipo de seguridad y en los que muchos han perdido la vida.

Son innumerables las penurias que atraviesa hoy cada venezolano; ningún espacio alcanzaría para poder describirlas todas.

En este contexto social se han dado también importantes acontecimientos políticos. Actuando dentro del marco de nuestra Constitución, ante la falta absoluta de un presidente electo, corresponde de mero derecho asumir la Presidencia de la República al presidente de la Asamblea Nacional. Esta falta absoluta ha ocurrido en virtud de la nulidad del proceso del 20 de mayo del 2018, cuando se perpetró un fraude electoral de enormes dimensiones. Todo ello ha conllevado a que más de 50 países desconozcan a Nicolás Maduro y, en consecuencia, reconozcan a Juan Guaidó, el presidente de la Asamblea Nacional, como presidente encargado de Venezuela.

Hambre y desolación ahora son acompañados de la esperanza que surge de la posibilidad de que la ruta que hemos diseñado desde la Asamblea Nacional se cumpla: cese de la usurpación, establecimiento de un gobierno de transición y realización de elecciones libres. Cada venezolano grita en las calles como un mantra, repiten esa ruta de tres pasos una y otra vez, lo hacen con hambre, con sed, sin energía eléctrica, sin gas, enfermos, pero cargados de expectativa en el futuro.

Para lograr el cese de la usurpación y el establecimiento del gobierno de transición ya hemos definido algunos pasos. Entre estos, la creación de la ley de amnistía y otorgamiento de garantías constitucionales para los funcionarios –civiles y militares– que contribuyan a restituir el orden constitucional en nuestro país.

Esta importante ley que trabajamos dentro de la Comisión de Justicia y Paz del Parlamento venezolano, que me honro en presidir, busca dos objetivos claros: el primero de ellos es lograr la libertad de los presos, perseguidos y exiliados políticos que existen en mi país. Hoy son más de 1.000 los presos de conciencia que se encuentran secuestrados dentro de las mazmorras de la dictadura.

El segundo objetivo es otorgar todas las garantías necesarias a los funcionarios que dejen de cumplir las órdenes inconstitucionales que provienen de la satrapía madurista.

Resulta claro que el único sostén de la dictadura a estas alturas son las armas empuñadas por un grupo de militares, ya que hoy casi el 90% de la población exige la salida de Nicolás Maduro del poder y, con ello, claramente también el cese de la usurpación. Es por esto que resulta menester el respaldo de los uniformados para salir de la dictadura. Pero, así también, es necesario que los funcionarios civiles, como los jueces y los fiscales del Ministerio Público, dejen de perseguir y encarcelar a ciudadanos inocentes. En este camino nos encontramos hoy.

De otro lado, mientras buscamos recuperar nuestra libertad, en estas horas nos estamos organizando para recibir la ayuda humanitaria que viene de diferentes latitudes. En tan solo unos días, estaremos en la frontera colombo-venezolana para lograr su ingreso a nuestra nación.

Pronto sabremos los resultados.

*La autora preside la comisión legislativa encargada de redactar la ley de amnistía y garantías constitucionales para los militares y civiles que colaboren con la restitución del orden constitucional en Venezuela.

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