El vicepresidente y la censura, por Ivan Lanegra
El vicepresidente y la censura, por Ivan Lanegra
Iván Lanegra

es apenas el tercer vicepresidente de la República en funciones –junto con Raúl Diez Canseco y David Waisman– que ejerce el cargo de ministro en los últimos 25 años. Waisman lo fue en la cartera de Defensa por menos de seis meses. Diez Canseco estuvo en la de Comercio Exterior y Turismo y mantuvo el cargo por más de dos años, pero lo dejó luego de ser acusado de favorecer ilegalmente a los familiares de su pareja. Como consecuencia, en enero del 2004 tuvo que renunciar también a la vicepresidencia. No son buenos antecedentes.

El Parlamento ha aprobado interpelar a Martín Vizcarra, titular del Ministerio de Transportes y Comunicaciones, lo que abre la posibilidad de su censura. Si esta prospera, Vizcarra estaría obligado a renunciar, lo que nos deja la siguiente pregunta: ¿afectaría esto sus responsabilidades como primer vicepresidente? Jurídicamente, no. Lo que el Parlamento juzgaría es solo su desempeño ministerial en una cartera específica, y no implicaría su exclusión de todas las funciones gubernamentales.

Pero una cuestión distinta son los efectos políticos. Martín Vizcarra es una de las figuras más importantes del entorno presidencial. Jugó un papel central durante la campaña electoral y su presencia en el Gabinete expresa su ascendencia dentro del gobierno. Es, además, el único de los ministros que tiene una importante experiencia gubernamental previa como funcionario elegido. Y, más importante que todo lo anterior, es el primero en la línea de sucesión presidencial.

Es por ello peligroso que, si bien la censura no impediría constitucionalmente que pudiera asumir eventualmente la presidencia, Vizcarra tome el riesgo de cargar desde ya un pasivo político como este para su hipotética labor. Sobre todo pues, tras la censura, el ataque político contra el vicepresidente podría continuar, agravando la situación descrita.

Es cierto que, dejando de lado el caso de Máximo San Román en 1992, cuya juramentación presidencial careció de eficacia política, ningún vicepresidente ha debido asumir la Presidencia de la República desde Zenón Noriega, en 1950. Los vicepresidentes Francisco Tudela y Ricardo Márquez renunciaron días después de que el presidente Alberto Fujimori –desde el Japón– abandonara el cargo en noviembre del 2000. Y, de otro lado, por lo general los vicepresidentes han mantenido un perfil bajo, a fin de no ser vistos como interesados en reemplazar al presidente.

Pero mantener la línea de sucesión presidencial –ante cualquier contingencia– no es solo una cuestión gubernamental. Es un asunto de Estado. Así, la censura a Martín Vizcarra no solo constituiría un golpe político para el presidente Kuczynski. El gobierno en su conjunto se vería afectado. Por ello, la responsabilidad política del Congreso no se limita a la evaluación de la censura en sí misma. Deberían existir razones sólidas para llegar a la censura. En un momento de desprestigio general de la política, repetir lo ocurrido con el ex ministro Jaime Saavedra podría ser costoso para la representación parlamentaria, en particular para la actual mayoría. De esto es consciente Fuerza Popular, y no parece haber hasta el momento señales de que sus dirigentes estén dispuestos a ir hasta la censura.

“Yo haré cuestión de confianza [por Martín Vizcarra], eso sí no lo dudo”, declaró el presidente Kuczynski con relación al escenario de una censura contra Vizcarra. No obstante, no es claro si realmente llegaríamos a dicho punto ante una inminente censura o si antes el ministro Vizcarra preferiría renunciar. En cualquier caso, es claro que el gobierno entiende que la censura es un camino que debe evitarse. Pero si el Congreso la aprueba, ambos deberán hacerse responsables de sus consecuencias. Dado su control del Legislativo, la posición de la bancada mayoritaria será determinante.

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