¿Vuelve la derecha a la región?, por Ignazio De Ferrari
¿Vuelve la derecha a la región?, por Ignazio De Ferrari
Ignazio De Ferrari

Politólogo. Centro de Investigación de la Universidad del Pacífico

Desde inicios del siglo XXI, la política en la región ha estado marcada por el dominio electoral de la izquierda. En 1998, cuando Hugo Chávez ganó la presidencia venezolana, no había ningún otro mandatario de izquierda en Sudamérica. Una década después, las únicas excepciones eran Colombia y el Perú. 

Pese a tener diferencias sustanciales, entre otras cosas, sobre el rol del Estado en la economía, las dos variantes de la izquierda – la moderada (Chile, Uruguay y Brasil) y la populista (Venezuela, Ecuador, Bolivia y Argentina) – han compartido como plataforma central la reducción de las desigualdades sociales. Esa agenda se tradujo en un incremento importante del gasto social, desde ayuda focalizada a los más necesitados hasta subsidios universales a las tarifas eléctricas y los alimentos.

Tras años de espectaculares triunfos, el final de ciclo parece haber empezado. En Paraguay, el partido histórico de gobierno, los Colorados, ha recuperado la presidencia. El año pasado en Argentina, la derecha liberal ganó por primera vez en la historia una elección presidencial democrática. El ocaso del PT brasileño hace presagiar que el centroderecha ganará la próxima elección. En Ecuador y Bolivia no está claro que los proyectos personalistas de Correa y Morales sean transferibles. Lo que sea que más temprano que tarde reemplace al chavismo tendrá que reintroducir principios de mercado sólidos en la maltrecha economía venezolana.

El final del superciclo de la izquierda coincide con el final de otro superciclo: el de los commodities. Uno de los factores que explican el ascenso de la izquierda a comienzos de la década pasada es la pésima marcha de la economía tras la crisis asiática de 1997, que resultó en media década perdida. La crisis que en ese momento benefició a la izquierda, esta vez la perjudica. Brasil, Venezuela y Ecuador están en recesión, y Macri recibió un país sin crecimiento y con inflación de 27%.

En el caso peruano, el triunfo de Pedro Pablo Kuczynski (PPK) no puede ser identificado en el contexto de una izquierda gobiernista debilitada, por la simple razón de que la izquierda no ha ejercido realmente el poder en el Perú – pese a ganar elecciones. La victoria de PPK responde en gran medida a factores coyunturales de la campaña y al antifujimorismo que no se termina de ir. 

Finalizado el superciclo económico, los gobiernos de la región empiezan a hacer frente a las presiones fiscales. Sin embargo, incluso en países con inflación alta como Argentina, el ajuste puro y duro al estilo de los noventa no parece ser una opción. Si bien Macri ha quitado algunos subsidios, ha decidido profundizar planes sociales claves como la asignación universal por hijo. En Chile, cuando a la derecha le tocó gobernar entre el 2010 y 2014 tampoco tocó los principales programas de Lagos y Bachelet. Si en su momento la Concertación había aceptado los cimientos del Consenso de Washington, la derecha aceptaba ahora los principios de la era posneoliberal.

En el contexto actual, las derechas que lleguen al poder deberían recordar una de las lecciones que dejó el final de siglo. Entonces, las reformas de mercado fueron implementadas basadas en un discurso tecnocrático, pensando que se podía cambiar el país renunciando a la política. Ausentes de una narrativa inclusiva del país, los gobiernos de derecha fueron víctimas de su propio juego. Cuando arreció la crisis económica, no tuvieron quien defendiera el proyecto. La izquierda en estos años recuperó el lugar de la política y, desde sus diferentes variantes, creó un relato de inclusión. En eso, la derecha debería tomar nota. ¿Cuál va a ser su relato, presidente Kuczynski?