1.200 millones son 1.200 millones, por Federico Salazar
1.200 millones son 1.200 millones, por Federico Salazar
Federico Salazar

Periodista

El gobierno se ha comprometido con los Juegos Panamericanos Lima 2019. Es un error.

El error no tiene que ver con las personas, sino con las ideas. Es una mala idea gastar en eso lo que se va a gastar: 1.200 millones de dólares.

Hay quienes piensan que es una buena idea. Arturo Woodman, por ejemplo, ha tenido la gentileza de contestar a mis objeciones al respecto (“Los Juegos no son de locos”, El Comercio, 6.10.16).

Sostiene Arturo, si entendí bien, que el gasto neto será de 1.000 millones de dólares. Señala que eso equivale al 0,4% del presupuesto público anual (por cinco años). Si ese gasto se ejecuta en tres años, agrega, subirá a solo 0,65%.

No hay en ello ninguna refutación al argumento contra los Juegos Panamericanos. De hecho, si el presupuesto fuera mayor, el gasto podría reducirse a 0,1% del presupuesto anual. Igual sucede si extendemos los años.

Lo que el gasto representa en relación con el presupuesto general de la República no significa nada en relación con el monto gastado. Los porcentajes mencionados no tienen ningún efecto disolvente sobre los 1.200 o 1.250 millones de dólares.

Dicho sea de paso, el gasto será mayor. Ese es el presupuesto inicial y, como sabe muy bien el señor Woodman, por su experiencia en la actividad privada como en la de directivo deportivo, los presupuestos cambian cuando las obras se demoran.

Además, calcular 250 millones de recuperación, como hace Arturo, es inseguro. Él dice que se venderán los departamentos de la Villa Panamericana. Agrega a eso otros ingresos, que no especifica.

La inversión en la Villa Panamericana se calcula en 180 millones de dólares. Tendrá 1.700 departamentos y áreas deportivas. Para recuperar ese dinero los departamentos tendrían que venderse a 106 mil dólares, aproximadamente.

El terreno queda en Villa El Salvador, en el Parque Zonal 26, donde ahora hay unas lagunas de oxidación de Sedapal. ¿Se podrá vender a ese precio? ¿Para 9.000 personas?

También hay en la zona unos bosques. Se conservarán, dice el proyecto, 19 hectáreas de eucaliptos. No sé cuántas hectáreas de eucaliptos hay, pero en el gasto, habría que sumar los eucaliptos que serán arrasados. 

Hay que sumar el gasto, por supuesto, del traslado de las lagunas de oxidación. No se ha hecho ese cálculo.

¿Se ha estimado, al menos, la demanda sobre esos 1.700 “departamentos”? ¿Se conoce algo sobre el precio posible en esa zona?

Los cálculos están hechos con alegría y optimismo, pero sin sustento técnico. “Me parece” o “se podrá vender” son fórmulas que no acepta ningún estudio de factibilidad.

La inversión en infraestructura deportiva es de 470 millones y los gastos de “organización”, de 430 millones de dólares. 

La burocracia se va a llevar 430 millones de dólares, casi el mismo monto que se gastaría en estadios y pistas atléticas. Y los cálculos deben haber sido hechos tan seriamente como los de la Villa Panamericana.

Esta inversión no favorece a los atletas peruanos. Los atletas necesitan apoyo, no burócratas y elefantes blancos. Necesitan tiempo, alimentación, entrenadores, médicos, equipamiento personal.

Si solo se usaran los 430 millones de dólares que se va a llevar la burocracia panamericana en becas para estos atletas, se haría mucho más por el atletismo.

No digo que esa sea la solución, pero si el objetivo es alentar los deportes y mejorar nuestro nivel de competencia internacional, los edificios y los bosques talados no son el camino.

La inversión en los Juegos Panamericanos Lima 2019 es una pésima inversión. Favorecerá principalmente a los constructores panamericanos, a los burócratas panamericanos y a los proveedores panamericanos. No favorecerá a la ciudad, no favorecerá a los atletas y será un gasto monstruoso en relación con nuestras necesidades.

En la situación actual ese dinero debe gastarse imperiosamente en seguridad ciudadana, salud, educación, sistema de justicia.

El dinero compra cosas. 1.200 millones son 1.200 millones. Hay que pensar no en porcentajes, sino en lo que dejamos de comprar con eso, ¡en un país al que le falta casi todo!