Hacia una sociología del antifujimorismo

“Votar contra Fuerza Popular no significa solamente la manifestación de un instinto republicano, sino especialmente el rechazo visceral a quienes se cree que gobiernan el país”.

    Carlos Meléndez
    Por

    PhD en Ciencia Política

    Resumen

    Este resumen es generado por inteligencia artificial y revisado por la redacción.

    Alberto Fujimori ha muerto, pero no el fujimorismo”, podría decir un reporte aséptico de los acontecimientos recientes. “El cabecilla ha muerto, pero no la peste”, es como traduce un grupo de activistas antifujimoristas los mismos sucesos. Todo parece indicar que el antifujimorismo trascenderá la desaparición de su némesis, al menos en el corto plazo. Las voces que intentan persuadir sobre su desactivación –como la de Jaime de Althaus ayer en este Diario– van a caer en saco roto. Los funerales del patriarca del fujimorismo distan demasiado del escenario que había previsto el activismo antifujimorista: Alberto Fujimori murió en libertad, rodeado de su familia, en medio de honores de Estado y con baño popular, y como precandidato presidencial punteando en las encuestas. Es una derrota política para los líderes del antifujimorismo, pues debilita dos puntos neurálgicos de su narrativa: los “dictadores” deben morir en prisión y los “dictadores” no deben gozar de reconocimiento popular.

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