Economía peruana habría crecido 4,9% durante febrero
Economía peruana habría crecido 4,9% durante febrero

Después de una década de crecimiento impresionante, la economía peruana mostró, el año pasado, una relativa . Ello parece haber revivido el debate sobre el modelo de crecimiento peruano.

En la mayoría de los casos se acepta el adecuado manejo macroeconómico y se demanda más acción estatal para promover reformas, fortalecer instituciones y fomentar la productividad. Pero también existen quienes ponen en duda nuestros propios logros. Será difícil seguir creciendo y , dicen, sin un radical cambio en la estructura productiva, para dejar de ser un país “primario exportador” y convertirnos en un país industrializado. Conceptos como los de “diversificación de la estructura productiva” e “industrias de valor agregado” se repiten sin cesar al debatir el rumbo que debe tomar el país.

Pocos reparan en que el Perú en las últimas dos décadas se ha encaminado por una creciente y en que el valor agregado en todos los sectores de la economía ha experimentado un enorme aumento. 

Veamos el tema de la diversificación. Acompañando al enorme auge de la minería, la industria ha tenido un desempeño espectacular. Hoy su peso en la economía es mucho mayor que hace veinte años porque ahora se la mide sin el efecto distorsionador de la protección arancelaria bajo la cual se desenvolvía. Incluso hasta 1979 al valor agregado artificial de esa industria protegida se le sumaba el monto de los impuestos indirectos que inflaban aún más su participación en el PBI.

Pasemos a ver el valor agregado. Cuando hablamos de propiciar un aumento del valor agregado, debemos entender precisamente a qué nos referimos. El valor agregado no es más que la suma de remuneraciones, utilidades e impuestos; es decir, aquel valor que una actividad económica agrega sobre aquellos insumos que utiliza. Si ese valor adicional ocurriese solamente porque la actividad está protegida por altos aranceles o subsidios, entonces no se habría generado riqueza. No era poco común en el Perú de los años 70 y 80 que el valor agregado industrial no fuese otra cosa que el reflejo de esa protección. Con altos aranceles una industria puede darse el lujo de ser rentable en el mercado local y al mismo tiempo producir algo que en el mercado mundial se podría comprar por un precio menor que el de los insumos que utilizaba. Hoy, por el contrario, observamos a una industria que se somete a la competencia internacional, pudiendo exportar competitivamente sus productos o competir exitosamente con los similares importados. Es decir, tenemos una industria que verdaderamente agrega valor. 

No es posible explicar de otra manera cómo la exporta más de US$500 millones, la textil casi US$2.000 millones o los US$1.500 millones exportados por la industria química, ni cómo es posible que industrias alimenticias exporten productos a todo el mundo por más de US$1.000 millones. A todo esto se suma un sector agropecuario moderno que exportó el año pasado productos no tradicionales con alto valor agregado por US$3.400 millones. En suma, en los últimos veinte años la se multiplicó diez veces, y hoy representa más de la cuarta parte del total de las exportaciones.

El valor agregado se logra a través del esfuerzo y el ingenio en cualquier actividad. Si podemos generar riqueza descubriendo y explotando económicamente un recurso minero que yace bajo tierra, estaremos produciendo puro valor agregado, tan grande como el que produce un ingeniero que, con el solo insumo de su educación, diseña un puente, o el que produce un buen maestro que transmite conocimiento a sus alumnos. 

El Perú tiene todas las condiciones para crecer aceleradamente. El año pasado invirtió una suma equivalente al 30% de su PBI, una tasa que le puede permitir crecer dinámicamente. Lejos de inventar a qué sector de la economía apoyar, el Estado debe concentrar todos sus esfuerzos en mejorar la calidad de su gasto y asegurar que la productividad de la inversión privada se fomente acometiendo postergadas reformas económicas.