(Ilustración: Giovanni Tazza)
(Ilustración: Giovanni Tazza)
Janice Seinfeld

Directora ejecutiva de Videnza Consultores

Quienes rechazan la sostienen que atenta contra la meritocracia, como si lo único que se fuera a valorar en las es el hecho de serlo, y no sus capacidades. Quienes, por el contrario, defendemos la paridad, lo hacemos porque los tomadores de decisiones no consideran que una mujer y un hombre con iguales capacidades valen realmente lo mismo. No competimos en igualdad de condiciones. Y, en esa medida, nos es mucho más difícil alcanzar la meritocracia que para los hombres está dada en una sociedad machista como la nuestra.

Según Pilar Tello Rozas, responsable de la Oficina de Género para América Latina de IDEA Internacional, entre el 48% y el 52% de la militancia en los partidos en América Latina son mujeres. Pero si vamos al siguiente nivel, que son los cargos directivos de los partidos, la participación de las mujeres se reduce a 16% y 20%; y en presidencias o secretarías generales, baja a 15%. Es decir: a más poder en el partido, menor presencia de mujeres, aunque sí haya voluntad de participar.

En el Perú hoy no tenemos gobernadoras regionales, y en el periodo anterior solo tuvimos una: Yamila Osorio, de Arequipa. Además, solo 7 de 196 alcaldes provinciales son mujeres; solo 86 de 1.666 alcaldes distritales son mujeres; y solo 36 de 130 congresistas son mujeres. Junto con Guatemala, estamos a la cola de Latinoamérica en términos de representación femenina. Y las cifras continúan bajando pese a que tenemos una cuota del 30% de mujeres como mínimo para conformar listas parlamentarias, regionales y municipales. ¿Qué es lo que está fallando, entonces? Que a esta cuota horizontal necesitamos añadirle la cuota vertical, que implica que todas las organizaciones en competencia deban tener un porcentaje de mujeres encabezando las listas. Es decir, romper la pirámide de poder hasta que, una vez que la competencia sea equitativa, pueda evaluarse si las cuotas se mantienen o si ya no son necesarias.

Una democracia donde la mitad de la población no está correctamente representada es una democracia incompleta. Resolver estas inequidades es un tema de derechos. Necesitamos debatir entre iguales y participar, hombres y mujeres, en esta discusión. La paridad y la alternancia son fundamentales para tener una representación más equitativa, donde hombres y mujeres estemos igualmente representados en los diferentes espacios de toma de decisiones. Países de la región como México, Bolivia y Costa Rica ya han aprobado estas medidas, y nuestro país debe ir en esa misma línea.

El Gobierno así lo entiende y, por eso, en el marco de su reforma política planteó que los a cargos de elección popular deban incluir 50% de mujeres y 50% de hombres. La Comisión de Constitución del Congreso de la República optó por aprobar un mínimo de 40% de mujeres u hombres para las elecciones generales del 2021. Además, estableció que sea de 45% para las elecciones generales del 2026 y de 50% para las del 2031.

Ironías de la vida, el día anterior, la mesa de apertura de la edición número 24 de la de Lima (estuvo integrada enteramente por hombres: el presidente Martín Vizcarra; el alcalde de Lima, Jorge Muñoz; el ministro de Cultura, Luis Jaime Castillo; el presidente de la Cámara Peruana del Libro, José Carlos Alvariño; el alcalde de Jesús María, Jorge Quintana García Godos; el gerente de la Fundación BBVA, Nelson Alvarado Jourde; y el rector de la Pontificia Universidad Católica del Perú, Carlos Garatea Grau. ¿Por qué la inauguración de un evento cultural tan importante no incluyó, por ejemplo, a la ministra de Educación? El que los organizadores simplemente no hayan notado la falta de representación de mujeres revela lo afianzado del problema. En un comunicado emitido a raíz de la críticas generadas, sostuvieron: “Situaciones como esta nos llevan a reflexionar y tomar conciencia de la importancia de normalizar la presencia femenina y, en general, la diversidad, en todos los espacios”. Los símbolos son fundamentales, como lo es reconocer errores y enmendarlos.

Corregir la brecha de género permitirá eliminar estereotipos y brindará mayor participación y representación de las mujeres en el debate público. Porque nuestras demandas y prioridades son distintas y debemos llevarlas a los espacios de toma de decisiones. No se trata de favores. Se trata de igualar la cancha.