Buscando héroes, por Gonzalo Torres del Pino
Buscando héroes, por Gonzalo Torres del Pino

Estos son tiempos oscuros, hijo mío. Son tiempos para héroes. En la antigüedad helenística, Hesíodo escribió sobre las cinco edades del hombre. Una de ellas la definió como la edad heroica, aquella en la que semidioses engendrados por mujeres mortales y dioses lujuriosos junto a héroes se embarcan en guerras y trabajos épicos. Alcanza su última etapa en la guerra contra Troya y tiene entre sus exponentes más conocidos a Heracles (Hércules). Algunos autores señalan que en la evolución de las sociedades solo se puede dar cabida a una sola época heroica que da pie a una mitología y a una literatura épica que pareciera anhelar el retorno de aquella edad.
 
Nuestra sociedad occidental, una y otra vez en el tiempo, ha estado buscando a sus héroes, ya sean de carne y hueso, o construyéndolos en cualquier manifestación cultural. Hoy, más que nunca, vivimos esta etapa de buscar héroes, identificarnos con alguno e inclusive experimentar ser uno. La era de lo épico, el éxtasis del heroísmo es lo que ha aterrizado entre nosotros y sus señales están por todas partes. Es el zeitgeist de este momento preciso en el tiempo. Luego de que el cinismo del final de los años setenta proclamase hastiado que los héroes habían muerto (No More Heroes cantaban los Stranglers, Kill Your Idols afirmaba el punk) hemos llegado con más fuerza al anhelo heroico.
 
El más obvio referente es la abundancia de superhéroes (Marvel y DC) en el cine y en la televisión. Son las historias que tocan las fibras invisibles del sentimiento de la época, la necesidad de ser salvados. Es curioso ver cómo estas historias y personajes han resucitado, precisamente en esta época de incertidumbres, cuando sus historias también nacieron y se expandieron en períodos de tensión (preguerras o durante la Guerra Fría).
 
Esta sensación de anhelo épico se expresa también en la mitología de Tolkien y en “” y en “Game of Thrones” y en “300” (la obviedad hecha obviedad), pero también, y de manera más sutil, en la música pop contemporánea en inglés, que expresa el éxtasis, la euforia, el subidón, el alborozo existencial. Nosotros también podemos ser héroes por un día. Tómate una pepa. Tómate un ‘selfie’.
 
No sé cómo estará este concepto expresado en otras manifestaciones artísticas pero presumo que están latentes por ahí también.
 
Los dioses ya no nos sirven, los hemos asesinado, queremos superhéroes que sean un poco como nosotros, con debilidades y frustraciones con los cuales podamos vernos reflejados para darle sentido a nuestra existencia. Spiderman es nuestro Hércules, solo que enmascarado. Estamos creando una nueva teogonía para estos tiempos.
 
No es extraño, pues, que andemos buscando también superhéroes que nos gobiernen con mano dura y justiciera. Clamamos ayuda en momentos desesperados para que vengan a rescatarnos y ¡oh! el único que aparece en el sillón es el Chapulín Colorado. Una y otra vez. Qué desgracia.
 
“Los dioses ya no nos sirven, los hemos asesinado, queremos superhéroes que sean un poco como nosotros, con debilidades y frustraciones con los cuales podamos vernos reflejados para darle sentido a nuestra existencia”.