Puede que le parezca algo exagerado considerando que, pese a todo, la economía sigue creciendo. Y esta es la razón por la cual los peruanos no hemos interiorizado realmente la crisis que vivimos. Porque no estamos entendiendo a profundidad los problemas que enfrenta el país ni creemos que es nuestra responsabilidad ocuparnos y plantear soluciones. Finalmente, las economías ilegales, el crimen organizado, el sicariato y el tráfico de personas aún no llegan a San Isidro. Por lo menos, aún no.
Pero lo cierto es que la criminalidad organizada y las economías ilegales van ganado el control de los territorios. En Trujillo han ocurrido, solo este año, tres atentados con explosivos. Dos de estos en urbanizaciones residenciales, destruyendo viviendas y generando heridos. Este fin de semana, en Pamplona Alta, unos gatilleros fueron enviados por extorsionadores para disparar contra el mercado José María Arguedas. En Chorrillos, un obrero fue asesinado con 28 balazos y en Manatay, Ucayali, Silver Díaz fue ejecutado. Mientras tanto, el sistema de la Dirección de Inteligencia de la policía es hackeado y la información sobre la identidad de los agentes y sus actividades de espionaje contra el terrorismo, narcotráfico, minería ilegal y crimen organizado ha sido filtrada, poniendo en riesgo las operaciones y la vida de los policías y sus familias.
El Perú se nos está yendo de las manos no solo por la violencia que existe, sino porque estas economías ilegales han capturado el Estado y tienen representantes en los tres poderes. La clase política en el país dejó de servir a los ciudadanos. Y los ciudadanos, pero sobre todo los líderes de nuestro país, dejamos un espacio al callar, aceptar y mirar hacia otro lado. Ese espacio vacío lo han ocupado intereses ilegítimos y poderes ilegales que hoy amenazan la democracia y el futuro del país.
Manuel Calloquispe es un valiente periodista que enfrenta a la minería ilegal, la trata de personas y el sicariato en Madre de Dios y que ha recibido distintas amenazas contra su vida y la de su familia. Pero esta vez la amenaza es más seria y viene directamente de un capo de La Pampa, Edison Fernández Pérez, apodado ‘El Chili’, quien quiere convertirse en el Pablo Escobar de Madre de Dios. La organización que dirige ‘El Chili’ impone la autoridad en Inambari a vista y paciencia de policías y militares. Calloquispe ha decidido desafiarlo públicamente y regresar a Madre de Dios para enfrentar a los delincuentes que tienen el control de la región. Porque huir no es la solución, pero, sobre todo, porque él ha entendido que tiene una responsabilidad frente a sus paisanos y al país y porque su labor se lo exige.
Y mientras Calloquispe se viste de honor y valentía, ¿dónde están los líderes empresariales de nuestro país? Muchas veces he recibido en respuesta a mis artículos que no es responsabilidad de los empresarios resolver los problemas del país. Que ya ellos hacen mucho al crear riqueza, generar trabajo y pagar impuestos. Pero la realidad es que los empresarios somos, primero, ciudadanos. Y ciudadanos con un poder enorme.
El país demanda hoy honor y valentía porque en las elecciones del 2026 está en juego el futuro del Perú y, con él, el de nuestros hijos. Esta no es una elección entre izquierdas y derechas, sino una elección entre quienes creemos en el Estado de derecho y las economías ilegales. Ojalá despertáramos en el país una corriente de Calloquispes haciéndose cargo y asumiendo responsabilidad.
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