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Cambio de primer ministro o muerte política, por Juan Carlos Tafur

“No cabe esperar que PPK transite por una reconversión radical, pero sí exigirle que busque a la persona que compense sus carencias”.

Juan Carlos Tafur Periodista

Fernando Zavala, PPK

“Se necesita un Gabinete ampliado, quizás multipartidario, que salga del círculo de intimidad del presidente o del primer ministro”. (Foto: Archivo El Comercio).

(Foto: Archivo El Comercio)

Lo único que puede salvar la cara del régimen es el llamado a un líder de alcance político, capaz de asumir el desafío de reemplazar en el cargo al actual primer ministro, Fernando Zavala.

PPK necesita un operador que respire política y la ejerza a tiempo completo. Alguien capaz de lograr los consensos ciudadanos mínimos para alcanzar los objetivos gubernativos, de garantizar una cuota mínima de aprobación por parte de la opinión pública y a la vez fluidez con la clase política que administra algún poder, como es el caso del fujimorismo en el Legislativo.

Zavala se lleva mal con Fuerza Popular, su propia bancada está indispuesta con él, los agentes económicos le han perdido confianza y al interior del Gabinete está lejos de cumplir el imprescindible papel de pararrayos (por esa sensación de quitar el cuerpo ante el menor problema, muchos ministros han optado por el perfil bajo y el silencio absoluto, porque saben que no serán amparados).

Es de tal envergadura la crisis, que ya ni siquiera importa mucho que el futuro primer ministro sea visto con buenos ojos por el fujimorismo, porque no radica allí –en una mala relación– la principal causa de la crisis sino en la propia entraña palaciega.
Aun suponiendo que el Congreso no hubiese censurado a Jaime Saavedra, no le hubiese quitado la confianza a Alfredo Thorne obligándolo a renunciar o no hubiese ejercido presión para que Martín Vizcarra se aparte, la situación no sería radicalmente distinta de lo que es ahora.

El gobierno, además, ha gozado de dos ocasiones especiales –su ingreso al poder con la consecuente luna de miel, y el efecto energético de los desastres naturales– y ambas las ha desperdiciado con puntillosa dedicación.

Parece inútil a estas alturas exigirle a PPK que piense políticamente antes de hablar o de actuar. Definitivamente, no forma parte de su arsenal de recursos. Nunca lo va a hacer y, dados los hechos, quizás habría que agradecer que no lo intente. No cabe esperar que PPK transite por una reconversión radical, pero sí exigirle que busque a la persona que compense sus carencias.

Se necesita un Gabinete ampliado, quizás multipartidario, que salga del círculo de intimidad del presidente o del primer ministro, que incorpore al propio partido y la bancada oficialista, más allá de una valiosa congresista a la que, dadas las querencias exclusivas de PPK, se anima uno a pensar que se le ha convocado porque se llama igual que la calle donde vive el presidente.

PPK debe salir de su zona de confort y asumir que gobernar implica tejer relaciones políticas más allá de la empatía, el cariño o la confianza con sus pares. Si al menos tuviera que esforzarse por diseñar una relación fluida con alguien no tan cercano suyo en la presidencia del Consejo de Ministros, de repente, por ese empeño psicológico, logra mejorar su manera de gobernar.

La del estribo: monumental la exposición de homenaje al pintor Gerardo Chávez, en el Ministerio de Cultura. Cuatro pisos dedicados a una retrospectiva de uno de los mejores pintores del país y, además, generoso activista cultural. A Chávez se le debe no solo una magnífica obra pictórica sino un museo de arte contemporáneo en su ciudad natal y múltiples gestiones como la que últimamente ha emprendido para lograr que Trujillo recupere miles de metros cuadrados del Club Libertad en beneficio de la ciudad.

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