"Pretender que un fiscal promedio investigue con solvencia tramas delictivas que implican sofisticados esquemas es una ilusión".
Los reveses sufridos en algunas investigaciones a cargo de los llamados equipos especiales de la fiscalía (archivos, plazos excesivos, absoluciones) han puesto a debate la eficacia y necesidad de estas fuerzas de tarea.
A partir de mi experiencia como litigante y exprocurador de un equipo especial como fue el de la procuraduría ad hoc para el Caso Fujimori-Montesinos, mi opinión es definitivamente favorable a la creación de ciertas subespecialidades y, cuando los casos lo ameriten, de equipos especiales de investigación.
Vivimos en un mundo en el que el conocimiento evoluciona a un ritmo indetenible, como lo demuestra el surgimiento de la inteligencia artificial. La ciencia y la tecnología avanzan a velocidad de vértigo, y las comunicaciones producto de la globalización se producen en tiempo real y sin fronteras.
Estos signos de los tiempos también impactan en el ámbito penal. Los operadores de justicia son entrenados casi exclusivamente en derecho, a partir de conocimientos generales y con las limitaciones que la realidad de la educación peruana le impone a su formación.
Pretender que un fiscal promedio investigue con solvencia tramas delictivas que implican sofisticados esquemas es una ilusión.
Casos que involucran operaciones complejas, que demandan conocimientos especiales en materias de punta como la financiera, tributaria, informática, corporativa, entre otras, requieren de investigadores entrenados en esas disciplinas o prácticas. Eso justifica algunas subespecialidades en determinadas áreas de investigación y que, incluso, cuando se trata de casos de gran complejidad y trascendencia por la cantidad de operaciones o personas comprendidas, se puedan crear equipos especiales a dedicación exclusiva para su atención.
Obviamente, no basta con crear estos equipos. Si no se les capacita con una formación permanente de calidad y gestión, y no se les dota de recursos tecnológicos y materiales suficientes, carece de sentido apostar por ellos, pues estarán destinados a la inoperancia e ineficacia.
"Puedo concluir que un equipo especial pierde la objetividad e imparcialidad requerida, dejando de lado lo técnico para acomodarse a la visión e intereses de quien los designa".
El Ministerio Público es un organismo constitucional con una estructura vertical y jerarquizada con grandes funciones, representado por el fiscal de la Nación, quien cuenta con facultades para designar fiscales provisionales, así como equipos especiales para casos complejos o determinados delitos. Actualmente hay tres equipos especiales: el de corrupción en el poder (2022) y los de los casos Los Cuellos Blancos del Puerto (2019) y Lava Jato (2016). En ese contexto, se plantea la pregunta sobre si deben continuar los equipos especiales ad hoc.
Partiendo de lo expresado por Elisa de la Nuez (España, 2025), sobre que “los fiscales designados buscarán llevarse bien con la persona que los designó en puestos discrecionales y muchas veces mejor remunerados”, se puede señalar que la designación de grupos especiales no es técnica y quiebra la carrera meritocrática, atentando contra el principio de unidad y jerarquía en el sector público. Estas designaciones se sustentan en el fundamento dedocrático para asignar tareas propias de las fiscalías especiales a un grupo de fiscales escogidos sin reglas predefinidas. Estas prácticas generan debilitamiento institucional al extender su vigencia por años y dar la apariencia de no contar con un sistema de rendición de cuentas basado en resultados.
En la experiencia internacional, el caso más conocido de un mecanismo de investigación ad hoc es la Comisión Internacional contra la Impunidad de Guatemala, que funcionó 12 años, hasta el 2019, sustituyendo a fiscales locales con expertos internacionales con gran calidad técnica. A la larga, afectó la capacidad de funcionamiento de la fiscalía, pues retrasó los grandes cambios que se precisaban para fortalecer el sistema de justicia.
Apreciando las experiencias, puedo concluir que un equipo especial pierde la objetividad e imparcialidad requerida, dejando de lado lo técnico para acomodarse a la visión e intereses de quien los designa.
*El Comercio abre sus páginas al intercambio de ideas y reflexiones. En este marco plural, el Diario no necesariamente coincide con las opiniones de los articulistas que las firman, aunque siempre las respeta.