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Choque de intereses, por Fernando Rospigliosi

“La mayoría del Congreso parece dispuesta a no ceder a la demanda del presidente Martín Vizcarra de adelantar las elecciones al 2020. Pugnan varios intereses hasta ahora irreductibles”.

Fernando Rospigliosi Analista político

Tía María

"El presidente Vizcarra está aislándose rápidamente después de su monumental fracaso con el proyecto Tía María, que ha incentivado los desórdenes en todas partes, incluyendo su natal Moquegua". (Foto: Reuters)

El enfrentamiento del Gobierno y la mayoría opositora del Congreso puede acabar en una colisión catastrófica que termine hundiendo a los dos antagonistas, como ocurrió el año pasado con el presidente Pedro Pablo Kuczynski (PPK) y el fujimorismo encabezado por Keiko Fujimori.

La mayoría del Congreso parece dispuesta a no ceder a la demanda del presidente Martín Vizcarra de adelantar las elecciones al 2020. Pugnan varios intereses hasta ahora irreductibles. En caso del Parlamento, la ambición de los congresistas de no perder un año de su mandato, sobre todo si el Gobierno les ha quitado la ilusión de una posible reelección. Y segundo, la fantasía del keikismo que con un año más podría mejorar su situación política y electoral y tentar el poder en el 2021. La encuesta de Ipsos que coloca en un lugar expectante a Fuerza Popular y a su lideresa alienta ese espejismo. (El Comercio, 19/8/19). En realidad, la campaña de demolición del antifujimorismo ha sido eficaz y han liquidado las posibilidades electorales de Keiko Fujimori, por lo menos para los próximos dos o tres años.

El presidente Vizcarra está aislándose rápidamente después de su monumental fracaso con el proyecto Tía María, que ha incentivado los desórdenes en todas partes, incluyendo su natal Moquegua.

La coalición vizcarrista está crujiendo, como lo revelan por ejemplo las opiniones de exfuncionarios de los gobiernos de Ollanta Humala y PPK, que hasta hace poco endiosaban y adulaban a Vizcarra, y ahora se muestran críticos y empiezan a saltar de un barco que hace agua. En parte, eso es consecuencia de la iniciativa del propio Vizcarra de adelantar las elecciones: ahora no es negocio estar cerca de él y es mejor tomar distancia para poder embarcarse en otra nave.

Eso reforzará la decisión de Vizcarra de adelantar las elecciones. Pero además, ya propagó la idea y los que creen que podrán obtener algún beneficio la están promoviendo entusiastamente, como muestra el pronunciamiento de los gobernadores regionales. Amén de tres cuartas partes de los ciudadanos que ilusamente quieren ‘que se vayan todos’.

La oposición, equivocándose nuevamente, está jugando sus cartas al supuesto liderazgo de la vicepresidenta Mercedes Aráoz, suponiendo en sus quimeras que podría reemplazar a Vizcarra en caso de que este sea vacado o renuncie. Esto, por supuesto, no va a ocurrir. Vizcarra ni va a renunciar ni puede ser destituido por un Congreso con un rechazo abrumador.

Pero en el supuesto negado que eso sucediera, un gobierno de Aráoz sería, sin duda, desastroso. No solo porque su trayectoria es tan o más sinuosa que, por mencionar un nombre, la de Daniel Salaverry, sino porque su gobierno sería aún más débil que el actual. Sin partido, sin bancada, sin equipo y sin la popularidad que Vizcarra ha obtenido atacando al Congreso, sería rápidamente devorada por el descontento popular y los desórdenes promovidos por los radicales, que la catalogan –con razón o sin ella– como una agente de la Confiep. No sería un salto al vacío sino directamente a las fauces del caos.

En una entrevista antes del primer intento de vacancia de PPK, en diciembre del 2017, planteé el adelanto de elecciones como una salida de la crisis. Allí sostuve que la suerte del presidente estaba echada: “No veo ninguna posibilidad de que [PPK] pueda culminar su mandato al 28 de julio del 2021”. Y que era inviable un gobierno con cualquiera de sus vices: “Las condiciones no cambiarían para cualquiera de los dos vicepresidentes en tres años y medio de mandato que le resta a este gobierno. La férrea oposición del fujimorismo continuaría en el Parlamento. Sería insostenible en el tiempo mantener este gobierno con esa precariedad”. La alternativa: “Que se adelanten las elecciones presidenciales para abril del próximo año [2018]” (“Fernando Rospigliosi: ‘Elecciones deben adelantarse a abril de 2018’. Exministro avizora un escenario complicado e irreversible, y señala que salida de PPK es inminente”. “Correo”, 15/12/17).

Esa opción habría sido la menos mala para el país. Y también para PPK y el fujimorismo.

Los que arguyen interesadamente que el tiempo es un factor insuperable no recuerdan que Valentín Paniagua asumió la presidencia un 22 de noviembre, y en abril del año siguiente se realizaron elecciones limpias y competitivas, en una situación de fenomenal crisis y podredumbre de las instituciones.

Ahora esa opción, que tiene inconvenientes y defectos pero es la menos mala, es posible. Pero nuevamente los intereses de grupos e individuos pueden frustrarla. Las alternativas, un caballazo de Vizcarra que disuelva el Congreso con cualquier pretexto o la continuación de su mandato hasta el 2021 –o sea, la prolongación del desgobierno– son mucho peores.

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