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¿Se cierra la ventana de oportunidad?, por Carlos Basombrío

“Los opositores saben que el gobierno se viene debilitando por los malos resultados económicos y su gran temor de desplegar autoridad”.

Carlos Basombrío Iglesias Analista político y especialista en temas de seguridad

Tazza

“La solución consensuada entre Ejecutivo y el Congreso para el tema de las primarias abiertas me parece equivocada”. (Ilustración: Giovanni Tazza).

La oportunidad para hacer reformas reclamadas desde hace mucho surgió en relación a la justicia con la revelación de los audios de Los Cuellos Blancos. Y del lado de la política, por el hartazgo e indignación frente al actual Congreso. Sumada al gran apoyo popular y la voluntad política del Ejecutivo, se abrió la posibilidad de hacer cambios profundos a poco tiempo de llegar al bicentenario.

Un año después el balance no es tan alentador.

Por el lado de la justicia se ha avanzado legislativamente, pero casi nada en su implementación. Si bien se logró la desactivación del corrupto y politizado Consejo Nacional de la Magistratura (CNM), su reemplazo, la Junta Nacional de Justicia, aún no tiene miembros, por una inesperada falta de criterio de los altos dignatarios del Estado que hicieron el concurso.

Lo poco que ha cambiado la situación se grafica con la insólita circunstancia de que, de los cinco vocales supremos investigados por el caso de Los Cuellos Blancos, solo César Hinostroza haya dejado el cargo. Peor aun, en el caso del Ministerio Público, ellos controlan la Junta de Fiscales Supremos.

Los pocos avances en la reforma de justicia hay que contrastarlos con la magnitud del problema. Basta recordar que el presidente transitorio del Poder Judicial, Víctor Prado Saldarriaga, sostuvo que en otros 14 distritos judiciales del país había niveles de corrupción equivalentes al que se había descubierto en el Callao (“Gestión”, 12/8/18).

Es verdad que en Lava Jato los fiscales han avanzado bastante, pero ahora estamos en un momento complicado, debido a que hay documentos que muestran que Odebrecht les mintió a los fiscales. No eran cuatro las obras en las que había corrupción, sino once. Ello ha dado nuevos argumentos a quienes quieren tumbarse el acuerdo con esa empresa, para proteger a los “afectados”. Calma la tormenta que el acuerdo incluyó previsiones en el caso de que Odebrecht omitiese información (ya lo han admitido para el gasoducto) y que permiten renegociar la reparación civil y volver a interrogarlos.

La reforma política está también en una encrucijada. El Ejecutivo erró en su estrategia al presentar una cuestión de confianza por cinco reformas que debían aprobarse en esta legislatura “manteniendo su esencia”. Ha sido tal la controversia, sobre si es constitucional un pedido de confianza con esas características, que se ha vuelto poco creíble que el presidente pueda disolver el Congreso, si no cumplen con lo que votaron.

La mayoría opositora lo sabe y obliga al Ejecutivo a negociar. Eso de por sí no es malo; salvo que pueda terminar en una reforma a lo Lampedusa, a saber, cambiar todo para que nada cambie; peor aun, en un Frankenstein inmanejable.

La solución consensuada entre Ejecutivo y el Congreso para el tema de las primarias abiertas me parece equivocada. Crea dos tipos de partidos, los 24 ya “existentes” y los que se creen con las nuevas reglas. Los primeros definirán internamente sus candidatos y los nuevos lo harán en primarias abiertas a los ciudadanos. A estas primarias se sumarán, solo para fines de pasar la barrera del 1,5%, los que ya eligieron en primarias cerradas (solo explicar este menjunje a los electores será ya una tarea hercúlea). Se suma a ello que el 20% ya no tiene que ser de invitados, sino que pueden ser militantes escogidos a dedo. Así, si los colocan en sitios estratégicos donde la tienen segura y no habiendo voto preferencial, las cúpulas puedan decidir, aun con más facilidad que antes, qué aspirantes serán candidatos viables.

Ello sin contar que todavía no han sido discutidos dos temas sensibles en los que el gobierno hizo cuestión de confianza: paridad con alternancia de mujeres y hombres, y levantamiento de la inmunidad parlamentaria por terceros. Agréguese que lo que está en discusión es una pequeña parte de la reforma política, que hay muchos otros aspectos que tendrían que abordarse en breve plazo para que la reforma tenga un mínimo de coherencia.

El problema no es de una mayor o menor habilidad de Del Solar en la negociación, sino que los opositores saben que el gobierno se viene debilitando por los malos resultados económicos y su gran temor a desplegar autoridad.

Algo inesperado podría romper este entrampamiento. Y lo imprevisto es siempre lo más probable en nuestro país. Lo inesperado puede fortalecer la lógica reformista o terminar de paralizarla.

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