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FODA del nuevo Martín Vizcarra, por Fernando Cáceres

Vizcarra tiene ahora el espacio político para tomar decisiones difíciles en la lucha anticorrupción (no en cualquier ámbito), sea en el CNM, Poder Judicial, Policía Nacional del Perú, etc.”.

Fernando Cáceres Freyre Analista de políticas públicas

Martín Vizcarra

“Un paso cansino en la reforma judicial rápidamente se le endilgará a Vizcarra, gracias a nuestro tradicional centralismo”. (Imagen: TV Perú).

TV Perú

En mayo, a dos meses de iniciado el gobierno de Martín Vizcarra, bastaba que cualquier grupo social se organizara (usuarios de agua en Moquegua, transportistas de región norte, pescadores artesanales de Piura, transportistas de Puno y Cusco, etc.) para que el Ejecutivo decidiera recular.

Sin embargo, en junio, Vizcarra despertó. Pidió al Congreso que apruebe la ley de cooperativas, se reunió con su bancada para recuperar a un oficialismo que PPK había perdido, presentó la acción de inconstitucionalidad contra la desproporcionada ley de medios, y respondió directamente a Keiko Fujimori por sus críticas a esta iniciativa. Y en julio, Vizcarra se desató…

Este mes el presidente ha pedido al Congreso la remoción de los miembros del Consejo Nacional de la Magistratura (CNM), la inmediata renuncia de su entonces ministro de Justicia –tras su aparición en audios con Hinostroza– y la convocatoria a pleno extraordinario del Congreso para adoptar decisiones sobre el CNM. Además, ha respaldado una marcha claramente incómoda para el fujimorismo. Un nuevo Vizcarra que amerita revisar el FODA que este columnista realizó en abril pasado (ver, “FODA de Martín Vizcarra”).

Fortalezas: La fortaleza de estar limpio de corrupción se mantiene como altamente relevante. Si a eso sumamos el haber demostrado que no es un ‘Chicheñó’ del fujimorismo, a pesar de haber sido ‘elegido’ con sus votos, veremos una figura considerada necesaria –o al menos no vista con malos ojos– por la izquierda y los fujimoristas; lo cual le permite atenuar la debilidad inicial de no tener aliados políticos.

Además, el haber tomado decisiones oportunas sobre la actual crisis judicial, en un momento en el que otras agrupaciones no supieron reaccionar por estar involucradas (el fujimorismo), o no pudieron tomar un liderazgo por vínculos recientes con acusados de corrupción o lavado (la izquierda), le ha otorgado una importante fortaleza en el liderazgo anticorrupción.

Oportunidades: Vizcarra tiene ahora el espacio político para tomar decisiones difíciles en la lucha anticorrupción (no en cualquier ámbito), sea en el CNM, Poder Judicial, Policía Nacional del Perú, etc.

Además, dependiendo del avance de las investigaciones fiscales, tendría la oportunidad de convivir con un fujimorismo ‘dialogante’, o la amenaza de hacerlo con el fujimorismo ‘desbocado’ que enfrentó PPK. El rumbo que sigan las investigaciones es clave para el futuro de esta organización, como lo ha evidenciado el apoyo fujimorista al cambio de fiscal de la Nación y a la unificación –debajo de un solo coordinador– de las pesquisas del Caso Lava Jato.

Otra oportunidad es el enfrentar ahora un mejor panorama económico que hace unos meses, lo cual generará menos demandas sociales en el corto plazo.

Debilidades: En este plano sigue destacando la disparidad de posiciones dentro del Gabinete, como ocurre con los titulares del Midis, Trabajo y ahora también Justicia, que probablemente le sigan generando ruido político innecesario, como el creado por Vicente Zeballos, al hablar torpemente de una Asamblea Constituyente y del indulto, en un momento en el que Vizcarra está eligiendo sus batallas.

Además, otra debilidad, aunque más pareciera un costo hundido, es la continuidad del propio Villanueva, sospechoso responsable del Vizcarra concesivo, y quien no compartiría la visión de un Estado moderno, como lo demostró con su falta de respeto por la autonomía de los reguladores.

Amenazas: En este aspecto se mantiene la amenaza de que la corrupción melle la ejecución de la inversión pública, y se le suma el que gatille resistencia al cambio por los afectados con las reformas que seguirán a esta crisis judicial. Y un paso cansino en la reforma judicial rápidamente se le endilgará a Vizcarra, gracias a nuestro tradicional centralismo.

¿Acertará Vizcarra en el trazado de su nueva hoja de ruta? El mensaje del 28 nos lo aclarará.

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