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Concurso de productividad, por Richard Webb

“Una mirada de largo plazo sugiere que la formalidad es un requisito para cualquier sociedad que busca ascender a niveles más altos de vida económica y social”.

Richard Webb Director del Instituto del Perú de la USMP

El MIT realizará estudio sobre productividad de mipymes latinas

En la economía, como en el fútbol, abundan las teorías y los debates. Pero en el fútbol la palabra final son los goles y por eso decimos que “goles son amores”. La economía es menos tajante cuando se trata de un ‘score’ final pero, en mi opinión, la mejor aproximación a un gol económico es la productividad.

Antes de proclamar verdades acerca del empleo, entonces, convendría poner atención a lo que viene sucediendo con la productividad y los ingresos de los grupos más representativos de la fuerza de trabajo, como son los trabajadores formales e informales, y los urbanos y rurales. Ciertamente, la bonanza de la economía de los últimos años ha significado una mayor productividad para casi toda la economía pero, ¿qué grupos fueron los más y los menos favorecidos? ¿Y qué nos indica eso acerca de una estrategia económica? En la carrera para elevar la productividad y por lo tanto los ingresos, ¿quién ha corrido más rápido?

Si analizamos la trayectoria de los ingresos promedio de tres grupos de trabajadores desde el 2004, el sector privado formal, el informal urbano y el informal rural, nos damos con una sorpresa mayúscula. Según las encuestas anuales de hogares, el crecimiento más lento correspondió a los trabajadores formales, cuyo ingreso promedio aumentó apenas 17% en todo el período. Más suerte tuvieron los informales urbanos, cuyo ingreso se elevó en 29%. Pero los que se llevan el premio en este concurso fueron los trabajadores informales del campo, cuyo ingreso aumentó 41%.

Se trata de resultados diametralmente opuestos a los esperados. Las expectativas, que se repiten como verdades sagradas, dicen primero, que la productividad es en gran parte un efecto de la formalidad, y segundo, que los pequeños productores informales del campo se encuentran condenados a una permanente improductividad. La sorpresa no sería mayor si Islandia termina ganando la Copa Mundial.

Ciertamente los números citados se refieren no directamente a la productividad sino al ingreso recibido por el trabajador. Sin embargo, en mi opinión los ingresos constituyen buenas aproximaciones a la productividad de cada grupo. Primero, porque no incluyen subsidios recibidos del gobierno ni transferencias de familiares ni rentas por propiedades. Registra solo el ingreso generado por el trabajo propio. Además, los mercados laborales informales de hoy son altamente competitivos y carentes de fuerzas institucionales capaces de imponer precios o salarios mayores o menores del valor del trabajo que realizan, o sea la productividad.

Para entender estos resultados es necesario tener en cuenta que ser grande no es lo mismo que estar creciendo más rápido. Ser formal y ser urbano y no rural son casi garantías de gozar de ingresos mayores, que a su vez son consecuencia de una productividad más alta. En el caso de los trabajadores urbanos, el formal percibe un ingreso de más del doble que el informal. Sin embargo, esas diferencias se han venido reduciendo, debido al dinamismo de los informales urbanos, y aun más de los rurales. Se plantea, entonces, la pregunta de si sería más conveniente alentar la formalidad o la informalidad.

A primera vista, recortar el espacio para la informalidad podría reducir el dinamismo productivo del país como un todo, y en especial, el crecimiento de los sectores que más han venido contribuyendo a la reducción de la pobreza, especialmente la pequeña agricultura. Sin embargo, una mirada de largo plazo sugiere que la formalidad es un requisito para cualquier sociedad que busca ascender a niveles más altos de vida económica y social. Cualquier estrategia de desarrollo, entonces, debe prever los efectos mixtos de medidas que buscan limitar los mercados de trabajo informales. De un lado, el recorte de libertad inhibiría la extraordinaria iniciativa que ha venido impulsando la productividad y los ingresos familiares en esos sectores, y acelerando así la reducción de la pobreza. Pero, de otro lado, el ordenamiento es un requisito para mejorar la eficiencia y la productividad de la sociedad como un todo.

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