Se calcula que este año se exportará oro ilegal por US$12 mil millones (IPE). A eso hay que sumar otras exportaciones ilegales, como las del cobre y otros minerales.
Bloquear carreteras es delito. Los bloqueos están alentados y financiados por grupos de minería delictiva. Por supuesto hay mineros artesanales e informales que no están vinculados al delito, pero no son ellos los que ponen en jaque al Estado Peruano.
El gobierno extendió hasta diciembre el Reinfo, que es un proceso de formalización. Para estar en este registro solo basta tener un RUC, estar activo en trabajos de minería y no desarrollar la actividad en áreas restringidas.
No puede acceder al Registro Integral de Formalización Minera el que ha sido excluido antes por incumplimiento ambiental o de seguridad. Tampoco el que tiene condena firme relacionada a estas actividades.
Se excluyó también a los que desarrollaban actividades en áreas no declaradas. Las condiciones del Reinfo son, como se ve, mínimas y elementales.
Muchos de los que protestan lo hacen por quedar excluidos. Ellos dicen que son como 50 mil mineros. El problema es que no son 50 mil en necesidad de un trabajo, sino 50 mil que no han querido cumplir con los requisitos mínimos.
Si el gobierno cede, cederá la vigencia de la ley y del derecho. El punto de partida debe ser el derecho de propiedad o la posesión formalizada. Debe haber registro formal.
Si la actividad minera no se ordena según la ley y la formalidad, los mineros informales terminarán haciendo bandos y usando, tarde o temprano, la violencia para imponer sus áreas de explotación.
Esto ya sucede, como se ha visto trágicamente, en Pataz. Delincuentes armados invaden una concesión ajena, se adueñan de un socavón o varios y dinamitan los accesos de la minera formal.
Ese es el resultado final de no hacer respetar los derechos de propiedad y de no ordenar cualquier actividad económica sobre la base del título que otorga el Estado.
El gobierno se enfrenta a un escenario que puede convertir el territorio nacional en un Pataz gigantesco. Sería la claudicación de lo que nos hace civilizados: el respeto a los derechos ajenos.
Toda nuestra posibilidad de desarrollo está amenazada.
*El Comercio abre sus páginas al intercambio de ideas y reflexiones. En este marco plural, el Diario no necesariamente coincide con las opiniones de los articulistas que las firman, aunque siempre las respeta.