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Primero las primarias, por Alfredo Torres

“Los partidos deberían ver las elecciones abiertas como una oportunidad de acercarse a la ciudadanía”.

Alfredo Torres Analista político

Democracia interna

“La mayor ventaja de este proceso es que animaría a la ciudadanía a involucrarse más temprano en el proceso electoral y, por lo tanto, a prestar mayor atención a las propuestas”. (Ilustración: Rolando Pinillos Romero).

Ilustración: Rolando Pinillos Romero.

De las 12 reformas políticas planteadas originalmente, el Gobierno ha pedido al Congreso que priorice seis. Con ese objetivo, planteó y consiguió la cuestión de confianza. Sin embargo, si hubiese que escoger una sola de ellas como “la madre de todas las reformas”, esta sería, en mi opinión, la convocatoria a elecciones primarias abiertas, simultáneas y obligatorias organizadas por la ONPE y supervisadas por el JNE.

Algunos ilustres conservadores se oponen a esta reforma por temor al cambio. Se entiende la posición conservadora cuando se trata de defender valores como la patria o la familia, pero carece de todo sustento al defender un sistema político que ha colapsado. “Una locura es hacer la misma cosa una y otra vez esperando obtener resultados diferentes. Si buscas resultados distintos, no hagas siempre lo mismo”, decía Albert Einstein, en una frase que se le atribuye comúnmente, hace 70 años. La frase sigue estando vigente.

Cualquiera que conozca la historia política peruana de las últimas décadas sabe que los candidatos han sido casi siempre caudillos autodesignados y que, cuando ha habido una elección interna, esta ha terminado siendo amañada –con raras excepciones– mediante una asamblea de delegados elegidos por la cúpula del partido. Ni qué decir de las listas parlamentarias. La mayoría de las veces estas han sido elaboradas por el caudillo tomando muy en cuenta la contribución económica a la campaña de los candidatos. Un verticalismo absolutamente antidemocrático.

Las elecciones internas no son un salto al vacío. Existen con variantes en las legislaciones de Argentina, Bolivia, Chile, Colombia, Ecuador y Uruguay, y son una práctica habitual de muchos partidos en el mundo, como las conocidas primarias de demócratas y republicanos en Estados Unidos. Aunque es cierto que, en la mayoría de casos, estos procesos se limitan a los militantes de cada partido.

La propuesta de que sean elecciones primarias abiertas se sustenta en el hecho de que los partidos políticos en el Perú han colapsado. Muy pocos tienen militantes auténticos. Los partidos deberían ver las elecciones abiertas como una oportunidad de acercarse a la ciudadanía, de refrescar sus cuadros. En las elecciones primarias los precandidatos son militantes del partido, pero cuando estas son abiertas los candidatos definitivos son elegidos con los votos de todos los que quieran hacerlo, sin estar necesariamente inscritos en el partido.

El punto más débil de la propuesta es que estas elecciones primarias sean obligatorias. En principio, lo ideal sería el voto voluntario, pero la experiencia de otros países revela que, cuando son voluntarias, existe el riesgo de que se impongan candidatos con posiciones más radicales. Por otro lado, cuando las primarias son obligatorias, suelen triunfar los candidatos más cercanos al ciudadano promedio. Otra razón para evitar una elección voluntaria es que, cuando la participación es reducida, crece el riesgo de que un candidato sesgue el resultado a su favor llevando electores en buses por “un táper” o por una propina.

Una crítica a las elecciones primarias abiertas que han sostenido algunos políticos es que en estas podrían participar militantes de partidos rivales para influir en el resultado. Esto no sería posible con elecciones simultáneas y obligatorias. En el 2021 sufragarán más de 20 millones de personas. Un partido que aspire a tener el 5% de la votación tendría que recibir más de un millón de votos. Lo que quiere decir que decenas de miles de electores tendrían que dejar de votar en su partido y hacerlo en otro si quisieran tener algún impacto.

Algunos objetan que muchos electores no sabrían por quién votar, sobre todo en las listas parlamentarias. Sin embargo, eso ya ocurre actualmente en las elecciones generales. La mayoría vota en blanco en el voto preferencial. La propuesta plantea, además, que estas primarias sean organizadas por la ONPE. Esto es indispensable. Actualmente, el control del padrón electoral de los militantes es una fuente grosera de poder en muchos partidos.

Pero la mayor ventaja de este proceso es que animaría a la ciudadanía a involucrarse más temprano en el proceso electoral y, por lo tanto, a prestar mayor atención a las propuestas en debate. Además, las elecciones de abril presentarían frentes partidarios más unidos y no la pugna infraterna que hoy caracteriza a las elecciones parlamentarias con voto preferencial.

El sistema político no es un tema menor. Tiene un enorme impacto en el desarrollo. En palabras de los economistas Daron Acemoglu y James Robinson, autores de “Por qué fracasan los países”, “necesitamos más democracia y representación para que los votantes sientan que sus preocupaciones son tomadas en serio. La clase política debería explorar nuevas maneras de hacer que el gobierno sea más representativo de la sociedad”. Las elecciones internas abiertas no son la panacea, pero sí son un paso fundamental para reconstruir la democracia peruana y acercar los partidos a la ciudadanía.

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