La crisis de nuestro sistema de salud se ha analizado por la falta de hospitales, especialistas e infraestructura. Sin embargo, la evidencia es consistente: los sistemas más eficientes no son los que concentran recursos en el tercer nivel, sino aquellos que invierten estratégicamente en una atención primaria resolutiva, capaz de prevenir, dar continuidad al cuidado y evitar costos innecesarios.
En ese marco, el DS N.º 001-2026-SA, mediante el cual el Ministerio de Salud reglamenta e impulsa los Consultorios de Enfermería, constituye una decisión técnica relevante y oportuna. No se trata de una medida administrativa menor, ni concesión gremial, sino de una señal clara de reorientación del modelo de atención hacia la eficiencia y la sostenibilidad del sistema.
Según información del MINSA y el INEI, más del 70% de la carga de enfermedades en nuestro país corresponde a diabetes, hipertensión y cáncer, entre otras no transmisibles. Estas patologías requieren tamizajes, seguimiento permanente, educación sanitaria y control oportuno, más no únicamente consultas médicas eventuales.
Sin embargo, el primer nivel de atención —que podría resolver hasta el 80% de la demanda— apenas absorbe alrededor del 40%. El resultado es evidente a diario: hospitales saturados, áreas de emergencias congestionadas, pacientes sin atención al no conseguir citas y un gasto de bolsillo que sigue trasladando el costo de la ineficiencia a las familias.
La evidencia es contundente. La Encuesta Demográfica y de Salud Familiar (ENDES–INEI) muestra que 3 de cada 10 personas con diabetes, y 4 de cada 10 con hipertensión diagnosticadas, no recibieron tratamiento en el último año. El problema no es la falta de diagnóstico, sino la ausencia del seguimiento constante, donde precisamente la enfermería genera un mayor impacto, porque los consultorios de esta especialidad permitirán ampliar la capacidad resolutiva del primer nivel mediante la atención ambulatoria orientada a prevención, control de enfermedades crónicas, adherencia al tratamiento médico, detección temprana de riesgos, curaciones y un sinfín de procedimientos.
Experiencias internacionales indican que, debido a que anticipan los controles y actúan antes de que el cuadro se agrave, los modelos de atención primaria liderados por enfermería reducen entre 15% y 20% las hospitalizaciones por descompensaciones de enfermedades crónicas.
Desde una perspectiva económica, prevenir cuesta menos que hospitalizar. Estudios comparables en sistemas de salud con alta carga de enfermedades crónicas estiman que reforzar el seguimiento ambulatorio puede generar retornos de inversión superiores al 20%, principalmente por la disminución de emergencias, días de hospitalización y uso de procedimientos con altos costos.
Aplicado al contexto peruano, esto significa que la inversión en consultas de enfermería para el control y monitoreo oportuno puede generar ahorro para el sistema y para las familias.
El DS N.º 001-2026-SA también abre un debate: el reconocimiento efectivo del ejercicio profesional autónomo de la enfermería, incluyendo su práctica privada a través de consultorios propios. Lejos de competir con la atención médica, los consultorios de enfermería complementan el sistema, amplían la oferta ambulatoria, generan empleo formal y acercan servicios preventivos a la población.
No necesitamos inventar nuevos modelos. La evidencia existe, el recurso humano está disponible y la presión demográfica y epidemiológica es innegable. El DS N.º 001-2026-SA puede marcar un punto de inflexión: pasar de un sistema que reacciona tardíamente y administra la enfermedad, a otro que previene, acompaña y cuida con eficiencia y genera mejor salud.
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