"En sociedades en desarrollo, la tecnología puede acentuar las desigualdades o, si se implementa de forma inclusiva, puede acortar las brechas". (Ilustración: Víctor Aguilar)
"En sociedades en desarrollo, la tecnología puede acentuar las desigualdades o, si se implementa de forma inclusiva, puede acortar las brechas". (Ilustración: Víctor Aguilar)
Janice Seinfeld

Directora ejecutiva de Videnza Consultores

Conforme a los criterios de

Trust Project
Saber más

En marzo del año pasado, las cirugías efectuadas en instancias del sumaron 42.000. Esta cifra cayó a 9.000 en abril último. En Essalud pasaron de 30.000 a 7.000 cirugías, y en el sector privado, de 25.000 a 5.000. Esta pausa, que también es visible en el número de consultas ambulatorias, empeorará sobre todo los cuadros de enfermedades crónicas. Para avanzar en cubrir este desfase se debe forzosamente considerar la alternativa digital.

Según el informe “Perspectivas económicas de América Latina 2020: Transformación digital para una mejor reconstrucción”, presentado la semana pasada, la digitalización puede ayudar a América Latina y el Caribe a recuperarse más rápido de la crisis del COVID-19.

El documento es una publicación anual conjunta del Centro de Desarrollo de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) de las Naciones Unidas, el Banco de Desarrollo de América Latina (CAF) y la Comisión Europea. Esta vez aborda el impacto de la pandemia en los más vulnerables. Una ola que llegó cuando el 40% de los trabajadores de la región carecía de alguna forma de protección social y el 60% trabajaba de manera informal.

La coyuntura exacerbó desafíos estructurales que la digitalización podría contribuir a superar. Pero aún hay mucho por hacer. El acceso a Internet está lejos de ser universal: en Latinoamérica, al 2018 alcanzaba al 68% de la población, muy por debajo del promedio de 84% de la OCDE. Además, mientras el 75% de la población más rica de la región usa Internet, solo el 37% de la más pobre lo hace. Y solo dos países superan el 90% del servicio de banda ancha: Uruguay y Costa Rica.

Consolidar la transformación digital requiere del apoyo del Estado, del mercado y de la sociedad. Pero es el primero quien debe regularla e impulsar su desarrollo.

El National Health Service del Reino Unido señala que el 60% de las atenciones médicas no requieren ser presenciales. Y la American Medical Association de Estados Unidos sostiene que hasta el 75% de las consultas en emergencias pueden atenderse por video o llamada. ¿Qué necesitamos en el Perú para crear y mantener un ecosistema digital en salud? Para empezar, el marco legal que proteja a los pacientes y los agentes de salud. Afortunadamente, es uno de los temas en los que más hemos avanzado en los últimos meses: tenemos la teleconsulta, el telemonitoreo, la teleorientación, la receta digital y el mecanismo para que los aseguradores realicen el pago a los pacientes. A nivel macro, con la Secretaría de Gobierno Digital de la Presidencia del Consejo de Ministros se creó el Sistema Nacional de Transformación Digital y se definió el Marco de Confianza Digital. Además, se fundó el Laboratorio de Gobierno y Transformación Digital para trabajar con el sector privado en el diseño de soluciones digitales.

Pero lo anterior no funciona sin infraestructura y conectividad. Y acá no sorprende que andemos mal: más del 50% de los establecimientos de salud en áreas rurales no cuenta con Internet. Y si vamos a Madre de Dios y Ucayali, la tasa es del 7%.

El tercer tema fundamental es la interoperabilidad. Essalud ha avanzado mucho con la historia clínica electrónica y su sistema prestacional, el EsSI. Pero el resto del Estado está muy atrasado, con interfaces que no conversan entre sí. Solo para procesar información del movimiento de los medicamentos hay seis sistemas de información distintos. La telesalud no implica solo conectar, sino también alinear a las instancias que están detrás de los procesos. El gestor público debe constantemente omitir pasos que no agregan valor para beneficiar a los ciudadanos.

Finalmente, en cuanto al desarrollo de capacidades necesitamos un cambio cultural: dejar de pensar en los especialistas en tecnologías de la información como personal de soporte. Es indispensable que desarrolladores de tecnología, expertos en ‘big data’ y desarrollo organizacional se incorporen a los espacios de toma de decisiones de manera permanente. La Unidad de Inteligencia y Análisis de Datos de Essalud demuestra cómo estos profesionales contribuyen a generar conocimiento valioso para generar tableros de mando y mejorar la calidad de las estrategias adoptadas.

En sociedades en desarrollo, la tecnología puede acentuar las desigualdades o, si se implementa de forma inclusiva, puede acortar las brechas. Hoy estamos avanzando hacia un Estado más digital. Pero es un camino que debe recorrerse mucho más rápido, pues el tiempo no regresa.