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Cuestión de agendas, por Carmen McEvoy

Urge un liderazgo, con sentido común, pero sobre todo con respeto por la dignidad presidencial.

Carmen McEvoy Historiadora

Cuestión de agendas, por Carmen McEvoy

Cuestión de agendas, por Carmen McEvoy

“El secreto de tu éxito está determinado por tu agenda diaria” es una frase que cierta vez leí en una de esas revistas que reparten en los aviones. Simple y concreta, esta trajo a mi memoria las innumerables agendas de mi padre. En ellas anotaba sus compras; los cumpleaños de sus hijas, nietos y amigos; los eventos políticos y alguna idea arrancada de los libros que tanto amaba. “Mi diario de bitácora”, como llamaba a ese registro de su cotidianeidad, estaba formado por anotaciones sueltas, pero, también, por un listado ordenado de sus cuentas personales.

Las agendas de mi padre son la expresión de una vida simple y sin pretensiones. La narrativa fragmentada de un hombre que creció en los años que siguieron a la Gran Depresión. Tiempo de grandes carencias materiales, pero, en su caso, dotado de un mundo nutrido de música y literatura. Las agendas en las que mi padre anotaba puntualmente el día que cobraba su pensión o la cantidad de bolsas de leche Enci que durante los años de crisis recolectó de tienda en tienda para sus nietos constituyen una herencia invalorable. El “secreto del éxito” de un hombre honesto que me legó un apellido del cual mis hermanas y yo nos enorgullecemos.

En el Perú de la rapacidad sin límites por la ausencia de una división clara entre lo público y lo privado, existen aún agendas honestas que merecen ser reveladas. Pienso, por ejemplo, en la agenda de Reúne, colectivo que la semana pasada lanzó una campaña de búsqueda de miles de ciudadanos peruanos cuyos cuerpos, abatidos por Sendero Luminoso o por las fuerzas del orden, yacen tirados en cientos de fosas comunes, en espera por el reconocimiento de sus familiares, pero también por una sepultura digna y humana. Igualmente una agenda de largo plazo es la de la Academia Diplomática del Perú, que hace unos días cumplió sesenta años de creada. Entre sus objetivos destaca la formación de un cuerpo diplomático capaz de defender los intereses nacionales. Para ello es necesaria una preparación intelectual y valórica acorde con los grandes desafíos del siglo XXI. Ciudadanos al Día, CADE Universitaria o la propuesta de Capeco en torno a un planeamiento urbano para el Perú del siglo XXI ejemplifican, entre otras, agendas poco conocidas en las que se prioriza el bienestar de la ciudadanía y el desarrollo integral del país. 

Las supuestas agendas de una primera dama preocupada por que le cuadren unas cuentas, aparentemente millonarias, muestran el colapso de un sistema político minado en sus cimientos. La imbricación de lo público y lo privado, con una cultura del exceso y la irresponsabilidad, es la expresión del daño ocasionado al país en estos tiempos de mal administrada “prosperidad falaz”. Tal vez las vacas flacas –que inevitablemente se avecinan– nos ayuden a recuperar la mesura, la austeridad y la solidaridad con quienes quedaron fuera de la fiesta de los millones. Debemos reconocer, además, que hay bienes mucho más importantes que el dinero y el poder. En ese contexto, urge un liderazgo, con sentido común, pero sobre todo con respeto por la dignidad presidencial. Una dignidad que desafortunadamente ha sido mancillada por agendas personales que poco o nada tienen que ver con el bienestar general.

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