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Debate:¿Es correcto abandonar la bancada?

A favor y en contra. Verónika Mendoza explica por qué cree que sí. Por su parte,Martín Belaunde, argumenta por qué no.

Debate:¿Es correcto abandonar la bancada?

Debate:¿Es correcto abandonar la bancada?

A FAVOR

¿Quién es el tránsfuga?, por Verónika Mendoza

Congresista de Acción Popular Frente Amplio

“Los políticos tienen que cultivar la lealtad y la disciplina”, dijo el Presidente hace unos días refiriéndose  a la última de las renuncias que se han dado en la bancada oficialista. No podemos sino coincidir con esta frase, pero disentir de la intencionalidad con la que el mandatario la profiere, confundiendo lealtad con sumisión, disciplina con obcecación.

Hace falta lealtad, sí, a los principios antes que a las personas, al pueblo antes que al caudillo. Disciplina, sí; pero también apertura para el diálogo, disposición para rectificar.

Por eso, si la organización política o bancada parlamentaria a la que un congresista pertenece abandona sus principios, su propuesta política y programática, defrauda a quienes dice representar, ¿debe uno quedarse y contribuir a perpetrar la traición? ¿O debe prevalecer la coherencia con lo ofrecido y la lealtad con los que lo eligieron? ¿Quién es el tránsfuga?

Ahora bien, este no es un problema solo de calidad moral de individuos, es un problema que se ha vuelto inherente a la política tradicional en la que deslealtades, traiciones y transfuguismos se han naturalizado. No hay institucionalidad que garantice el cumplimiento de lo ofrecido, ni espacios de diálogo entre representados y representantes para actualizar esos compromisos. Tenemos apenas franquicias electorales, no hay partidos con propuestas políticas y programáticas claras, articuladas, construidas y legitimadas desde y con la ciudadanía.

Nuestra clase política no representa la diversidad y complejidad de sectores, de demandas, de luchas, de culturas del país. Pero no solo no nos representa, sino que tampoco define las políticas públicas ni conduce al país: se ha reducido a ser títere de los poderes fácticos, siguiendo el guion neoliberal de la desinstitucionalización, flexibilización y recorte de derechos ciudadanos para mantener un falaz crecimiento económico.

Todos los últimos gobiernos han sucumbido a esta lógica, todos ofrecieron cambios –“responsable” o “radical”, según el caso, pero cambio al fin y al cabo- y todos terminaron siguiendo el piloto automático, la “dictadura del MEF”. Todos claudicaron en su rol de hacer política y dejaron el papel estelar a la tecnocracia. ¿Acaso no configura transfuguismo tal circunstancia? Sin duda, Ollanta Humala es quien ha consagrado esta lógica y ha quedado por ello tan solo, sin partido, sin bases sociales, aferrándose a tecnócratas de alquiler que no conocen ni entienden nuestro país.

Necesitamos transformaciones profundas que pasan ciertamente por una reforma política-electoral siempre postergada en el parlamento que incluya la eliminación del voto preferencial, la obligatoriedad de las elecciones internas, de la formación política de los militantes, etc. Pero no solo eso: ya sabemos que las leyes no bastan. Hace falta una voluntad política renovadora, transformadora, profundamente democrática, radicalmente ética. Esa voluntad no va a emanar de la clase política tradicional. Hay que potenciarla "desde abajo y desde adentro". 

EN CONTRA

Transfuguismo criollo, por Martín Belaunde Moreyra

Congresista de Solidaridad Nacional.

Puede afirmarse que el transfuguismo es un fenómeno casi universal particularmente a nivel parlamentario. En la historia hay grandes tránsfugas. Por ejemplo, Winston Churchill, que incluso lo fue de ida y vuelta, pues comenzó como conservador, se pasó a los liberales y luego volvió al conservadurismo como hijo pródigo. Benito Mussolini también fue tránsfuga, comenzó como socialista para luego pelear con el socialismo y después fundar el fascismo, partido que lo llevó al poder para gobernar Italia como dictador por más de veinte años. En Rusia hubo otro gran tránsfuga, hoy olvidado, Andrei Vyshinski, que primero fue menchevique, luego bolchevique y eficaz servidor de Stalin en las famosas purgas de los años treinta, en las que mandó a la muerte a miles de personas. Vyshinski terminó siendo Ministro de Relaciones Exteriores de la Unión Soviética.

Pero, ¿algunos de nuestros tránsfugas criollos se parecen a estas figuras históricas del mundo? Creo que no, porque en el Perú el trasfuguismo ha sido un fenómeno deplorable y mercenario. Recordemos el ejemplo de Alberto Kouri Bumachar, que vendió su honra y curul por los famosos US$ 15,000 que le pagó Montesinos en la célebre escena grabada en el SIN, que al final tuvo el efecto benéfico de originar la caída de la dictadura fujimorista. El caso Kouri pertenece al transfuguismo réprobo.

¿Podemos decir lo mismo del transfuguismo producido en el actual Congreso con la diáspora y fragmentación de las bancadas originarias? Es un fenómeno discutible que sin lugar a dudas refleja la fragilidad e inconsistencia de nuestras instituciones políticas. Si una persona es elegida dentro de una bancada que corresponde a un determinado partido político, lo serio y lógico es que permanezca en la agrupación que lo llevó al Congreso. No cabe establecer esa permanencia como obligación, pero sí corresponde a un imperativo moral. Sin embargo, los aspectos morales pertenecen a la conciencia y resulta muy difícil legislar sobre ellos. ¿Puede considerarse un delito ser tránsfuga? No, por la sencilla razón de que no existe ninguna ley que lo disponga. ¿Es criticable el abandono de la bancada originaria? Puede que sí, pero no cabe prohibirla, salvo en el caso que el tránsfuga reciba dinero para cambiar de camiseta. En ese caso el pago de cualquier beneficio económico debe considerarse como un delito y el congresista debe ser denunciado y desaforado. El suscrito tiene un Proyecto de Ley en ese sentido que duerme el sueño de los justos. Me imagino que porque con las últimas “reubicaciones”, no debe haber muchos colegas dispuestos a correr el riesgo de ser expulsados. Sin embargo, esta reforma del Código Penal sería muy oportuna, para darle un mínimo de estabilidad a la política partidaria. El transfuguismo responde a un exceso de oportunismo, cuando el congresista percibe que dentro de su bancada original pierde posibilidades para una eventual  reelección y por eso salta a otra pensando en un futuro dorado. En el caso que aún fuera posible la “reelección conyugal”, ¿habría tantas deserciones en Gana Perú? Lo dudo mucho.

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