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Día del Voluntariado: por qué millones de personas ayudan sin que nadie se los pida
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El 5 de diciembre, Día Internacional del Voluntariado, es una buena oportunidad para pausar un momento y pensar en eso.

Cada año, millones dedican tiempo y energía a acompañar, escuchar o simplemente estar con alguien. Quienes trabajamos cerca del voluntariado lo vemos una y otra vez: esa decisión nace de un impulso simple pero profundo. No reciben dinero y, en la mayoría de los casos, su gesto queda escondido: guardado solo en la memoria de quien decidió acercarse y, quizá, en la de quien recibió esa ayuda.

Alguno puede ganar un aplauso o una mención. Quizá sume para una entrevista laboral o para la hoja de vida. Pero todos sabemos que ese no es el motivo real. Nunca lo es.

Entonces, ¿por qué ayudan?

La psicología, la neurociencia y varias ciencias sociales intentan explicarlo desde distintos ángulos. Pero cualquier voluntario podría decirlo sin teoría: cuando das un poco de tu tiempo, también recibes algo. Tranquilidad, alegría, conexión. Un propósito que no aparece tan fácil en la rutina.

Y eso se ve en lo concreto.

En la sonrisa nueva de un enfermo que estaba solo.

En ese adulto mayor que se sintió escuchado gracias a que estabas ahí. En el niño de un hogar que abraza y no te suelta.

En esa pregunta que desarma a cualquiera: “¿Cuándo vuelves?”. Son momentos simples, pero enormes.

Ayudar corre el foco de nosotros mismos. Y eso afloja esa preocupación excesiva por cómo estamos, cómo nos ven o si cumplimos expectativas propias o ajenas. Cuando la atención va hacia el otro, algo se acomoda adentro: baja la ansiedad y surge una sensación de conexión y bienestar. Esa es —silenciosa pero profunda— la recompensa más real del voluntariado.

No hace falta pertenecer a una ONG ni tener habilidades especiales. Cada vez que dedicamos tiempo a alguien, incluso de forma sencilla, algo cambia. Nos volvemos más humanos, más atentos, más conectados. Cada gesto amable tiene el poder de transformar dos vidas: la de quien recibe y la de quien da.

El voluntariado demuestra que el bienestar no siempre nace de los logros. Nace de la conexión, de la atención genuina a otro ser humano y del impacto que puede tener nuestro propio accionar. De cambiar el chip y mirar un poco más al otro. Esa transformación aparece casi sin buscarla, cuando dejamos de centrarnos tanto en nosotros y volvemos a mirar hacia afuera.

En este Día del Voluntariado, no se trata de admirar a quienes ayudan. Se trata de recordar que todos podemos vivir esa experiencia. Cada vez que salimos de nosotros mismos y nos enfocamos en alguien más, se activa un cambio que impacta tanto en su vida como en la nuestra.

Pensar en el otro, ponerlo en el centro, nos hace bien.

Quizá solo se trate de dejarnos sorprender por eso, una vez más.

*El Comercio abre sus páginas al intercambio de ideas y reflexiones. En este marco plural, el Diario no necesariamente coincide con las opiniones de los articulistas que las firman, aunque siempre las respeta.

Ezequiel Rodríguez Padilla es fundador y director de Huellas, organización de voluntariado social en Latinoamérica.

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