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El diálogo y el proceso electoral, por Raúl Ferrero

La iniciativa es positiva, pero no ha despertado el interés, por lo poco avanzado en las últimas oportunidades.

El diálogo y el proceso electoral, por Raúl Ferrero

El diálogo y el proceso electoral, por Raúl Ferrero

La situación política se sigue complicando a pesar del llamado al diálogo hecho al gobierno por el presidente del Congreso, Luis Iberico, y aceptado por el primer ministro Pedro Cateriano, para promover un acercamiento con los partidos a fin de lograr acuerdos básicos que ofrezcan mayor estabilidad al sistema democrático.

La iniciativa es positiva, pero no ha despertado el interés de las anteriores, entre otras razones, por lo poco avanzado en las últimas oportunidades en que se realizaron esfuerzos similares durante este régimen.

Sin embargo, el llamado es acertado, pues estamos en vísperas de un proceso electoral que aún no concita la suficiente atención ciudadana, entre otras causas, por la crisis de la representación política, ya que esta no sintoniza con las expectativas de quienes se ven defraudados por la equivocada priorización que se hace de los problemas nacionales que merecen la más pronta solución.

Esta desconexión entre las necesidades cuya atención reclama la ciudadanía y las ideas y propuestas que exponen los líderes no permite que se encaren debidamente los problemas más acuciantes, como la inseguridad ciudadana, el crimen organizado, la corrupción, la insuficiente protección a la salud, la falta de intensificación de la lucha contra el narcotráfico. Igualmente, las medidas necesarias para propiciar la reactivación de la economía, tomar las acciones indispensables de prevención para enfrentar el fenómeno de El Niño.

Para la ciudadanía, estos problemas no se toman en cuenta. En parte, porque no son comprendidos o no despiertan suficiente atractivo para los políticos. Parecería que muchos de estos se inclinan más en generar noticias que impacten, para así lograr el apoyo de los medios periodísticos, que en atender los problemas pendientes. 

Está bien que se constituyan las comisiones congresales donde exista un interés público que lo amerite, pero no que se abuse de ello. Por esto, es preciso analizar cuánto sustento y verosimilitud tienen las denuncias, de forma que se acojan las que lo ameriten. Parece que la política se ha desplazado a las páginas policiales o que se recurre en demasía a las denuncias ante el Ministerio Público y al Poder Judicial con el riesgo de judicializarla.

Como estamos a pocos días de la convocatoria a elecciones generales, cuya primera vuelta es en abril del próximo año, es momento de que el diálogo reanudado se preocupe de garantizar un proceso electoral transparente y limpio.

Es indispensable generar suficiente estabilidad política y económica para que los actores y la ciudadanía sientan que existen razones para tener esperanzas de una real consolidación del sistema democrático como consecuencia de un proceso eleccionario transparente. Hay que trabajar desde ahora para que quienes salgan elegidos no incurran en los errores del actual gobierno.

Debemos superar esta suerte de marasmo político que hace que todo se aprecie con un pesimismo muy peligroso que podría llevar a que el próximo régimen se inicie en un clima de debilidad institucional y sin la suficiente fuerza, pese a que le tocará recomponer la institucionalidad democrática que requiere ser fortalecida con carácter de urgencia. Hay que hacer todo lo posible para que nuestros representantes políticos recuperen la confiabilidad perdida. 

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